Mary Luz Herrán lanza dardo a Petro por caso Juliana Guerrero: "No defiendas lo indefendible"
Imagen: El Tiempo - Política
Mary Luz Herrán, exesposa de Gustavo Petro, rompió el silencio sobre el escándalo que involucra a Juliana Guerrero y lanzó un mensaje directo al presidente: no defender lo que no se sostiene. Su intervención añade presión política en un momento de alta sensibilidad para el Gobierno.
Mary Luz Herrán, exesposa del presidente Gustavo Petro, se sumó este jueves al debate que ha encendido el nuevo escándalo alrededor de Juliana Guerrero y le envió un mensaje directo al jefe de Estado: no defender lo indefendible. Su pronunciamiento no solo reaviva una controversia ya delicada para el Gobierno, sino que también exhibe el costo político que tienen las defensas públicas cuando el oficialismo aparece atrapado entre la lealtad y la credibilidad.
Según informó El Tiempo - Política, Herrán cuestionó la postura asumida por Petro frente al caso y dejó claro que, en su criterio, el presidente está corriendo el riesgo de respaldar una causa políticamente insostenible. La reacción de la exesposa del mandatario no es un detalle menor: proviene de una figura que conoce de cerca la trayectoria política y personal de Petro, y que por eso mismo puede amplificar el impacto de sus palabras en medio de un clima de creciente desgaste para el Gobierno.
El episodio tiene relevancia porque ocurre en un momento en el que cualquier señal de defensa automática desde la Casa de Nariño puede interpretarse como un blindaje político antes que como una explicación convincente. En Colombia, este tipo de escándalos suele tener un doble efecto: golpea la confianza ciudadana en las instituciones y obliga al Ejecutivo a gastar capital político en contener daños, justo cuando necesita gobernabilidad para sostener su agenda. Si el Gobierno insiste en cerrar filas sin responder con claridad, el costo no recaerá solo sobre el caso de Juliana Guerrero, sino sobre la imagen de un proyecto que llegó al poder prometiendo ruptura con las viejas prácticas.
Más allá del nombre propio y del ruido coyuntural, lo que deja esta escena es una advertencia para Petro: en política, no toda lealtad suma, y no toda defensa protege. Cuando incluso voces cercanas o vinculadas a su historia personal le piden prudencia, el mensaje es que el problema ya no es solo el escándalo en sí, sino la manera en que el presidente decide administrarlo. En tiempos de desgaste institucional, insistir en respaldos sin matices puede terminar profundizando la desconfianza que el Gobierno dice querer combatir.



