Colombia

Zona 65 se convierte en red de apoyo para damnificados y comerciantes tras el terremoto en Cali

Hace 1 hora

En Cali, la plazoleta comercial Zona 65 dejó de ser solo un punto de ventas para convertirse en una red de apoyo tras el terremoto. Su apuesta ahora es sostener a familias damnificadas y reactivar pequeños negocios golpeados por la emergencia.

La plazoleta comercial Zona 65, en Cali, está intentando hacer algo más que sobrevivir al golpe del terremoto: convertir su actividad económica en una plataforma de auxilio para familias damnificadas y emprendedores que quedaron en el aire después de la emergencia. En medio de la caída de ventas, la incertidumbre y los daños materiales que suelen dejar este tipo de desastres, el espacio decidió reorganizarse para responder no solo como centro de comercio, sino como un punto de solidaridad que ayude a sostener el tejido económico del sector.

De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo (Colombia), la iniciativa busca articular esfuerzos entre comerciantes, clientes y comunidades afectadas para canalizar apoyo directo y, al mismo tiempo, empujar la reactivación de negocios locales que perdieron inventario, infraestructura o capacidad de operación. La apuesta no se limita a una jornada de ayuda puntual: la idea es transformar la dinámica habitual de la plazoleta en una red de respaldo que permita a varias familias cubrir necesidades urgentes y a pequeños emprendedores volver a ponerse en pie en un entorno donde cada día sin ingresos pesa más.

Este tipo de respuesta tiene un valor que va más allá de lo inmediato. En Colombia, cuando un desastre natural golpea una ciudad, los primeros en resentirlo suelen ser los negocios de menor escala: vendedores informales, microempresas, locales familiares y oficios que dependen del flujo diario de clientes. Por eso, lo que está haciendo Zona 65 importa no solo como gesto humanitario, sino como una estrategia concreta de resiliencia económica. Si un espacio comercial logra convertirse en un punto de encuentro para recaudar recursos, movilizar compras locales y mantener viva la circulación del dinero en el barrio, el impacto puede extenderse mucho más allá de sus propias vitrinas.

La experiencia también deja una lección incómoda pero necesaria: la recuperación tras una tragedia no depende únicamente de ayudas institucionales o grandes anuncios, sino de la capacidad de los territorios para organizarse desde abajo. En Cali, donde miles de familias viven del rebusque y del comercio cotidiano, cada iniciativa que preserve un negocio significa también conservar empleo, alimentación y estabilidad para hogares enteros. En ese sentido, Zona 65 no está actuando solo como plaza comercial; está intentando convertirse en una pieza de contención social en medio de la emergencia, justo cuando la ciudad empieza a medir el verdadero costo humano y económico del terremoto.

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