Merzouki rompe fronteras en Peralada con Vivaldi y danza urbana
Mourad Merzouki volvió a sacudir el Festival de Peralada con '4 Danced Seasons', una pieza que une a Vivaldi y la danza urbana sin pedir permiso a las etiquetas. El resultado fue un cruce vibrante entre música en vivo y movimiento contemporáneo que confirma al coreógrafo como una apuesta segura.
Mourad Merzouki volvió a dejar claro en el Festival de Peralada por qué su nombre es sinónimo de riesgo bien calibrado. Con '4 Danced Seasons', el coreógrafo francés empujó una vez más los límites entre la danza y la música al tender un puente entre 'Las cuatro estaciones' de Vivaldi y el lenguaje físico de la cultura urbana, en una propuesta que desbordó la idea tradicional de espectáculo escénico y convirtió el escenario en un territorio compartido por intérpretes de distintas disciplinas.
La función, según informó EFE en una cobertura recogida por infobae, reunió a la formación Le Concert de la Loge, con Julien Chauvin al frente desde el violín, y a los bailarines de la compañía Käfig, sello habitual en la trayectoria de Merzouki. La apuesta no fue adornar a Vivaldi con gestos contemporáneos ni domesticar la danza urbana para hacerla encajar en un repertorio barroco; fue algo más ambicioso: demostrar que una obra escrita hace tres siglos sigue respirando hoy con la misma intensidad si se la coloca en diálogo con cuerpos que hablan el idioma del presente. Incluso la presencia de los músicos en escena dejó de ser un acompañamiento para convertirse en parte activa del pulso coreográfico, hasta el punto de que Chauvin terminó tan implicado físicamente como los propios bailarines.
La relevancia de lo visto en Peralada va más allá del virtuosismo o del efecto de novedad. Merzouki, nacido en Lyon de padres argelinos, lleva años construyendo una obra que discute las fronteras rígidas entre géneros, y esa insistencia no es un capricho estético: es una manera de interrogar cómo se organizan hoy la alta cultura y las expresiones populares, quién decide qué pertenece a cada circuito y por qué todavía seguimos tratando como compartimentos estancos disciplinas que, en realidad, se rozan, se influyen y se contaminan todo el tiempo. Que el festival haya necesitado dos funciones para atender la demanda habla también de un cambio de público: hay una audiencia cada vez más dispuesta a ver la música clásica fuera del museo y la danza urbana fuera del cliché.
No es casual que esta nueva entrega llegue en una edición marcada por el cuarenta aniversario del certamen. Peralada parece haber entendido que celebrar una fecha así no implica mirar solo al pasado, sino también medir qué artistas son capaces de renovar el lenguaje escénico sin banalizarlo. Merzouki, que ya había dejado una huella potente en 2018 con 'Folia', confirmó que sigue siendo una de esas raras figuras que no se limitan a mezclar formatos: los reordena. Y ahí está, quizá, la clave de su impacto: no propone una fusión decorativa, sino una conversación real entre tradición y contemporaneidad que obliga al espectador a repensar lo que creía separado.



