Colombia

Camándula, Biblia y gabinete: el gesto religioso de De la Espriella que encendió críticas

Hace 2 horas

El presidente electo recibió una ola de críticas tras participar en un acto religioso con su nuevo gabinete, donde apareció con camándula, oró y entregó una Biblia de su movimiento. Desde el petrismo le cuestionan la mezcla entre fe y poder en un Estado que se declara laico.

La imagen de un presidente electo participando en un acto religioso con su nuevo gabinete, camándula en mano y rodeado de oraciones, abrió un nuevo frente político en Colombia: el debate sobre los límites entre la fe personal y el ejercicio del poder público. La escena, difundida tras el retiro espiritual de Abelardo de la Espriella con su equipo, provocó una respuesta inmediata desde sectores del petrismo, que le reprocharon la evidente carga religiosa del encuentro y le preguntaron, en esencia, dónde queda el Estado laico.

Según informó infobae colombia, durante la jornada el mandatario electo no solo participó en momentos de oración, sino que además entregó una Biblia asociada a su movimiento Defensores de la Patria, un gesto que sus críticos interpretan como un mensaje político con sello confesional. Para sus detractores, el episodio no es menor: en un país donde la Constitución consagra la separación entre Iglesia y Estado, cualquier señal de subordinación institucional a una agenda religiosa despierta sospechas sobre el tipo de gobierno que se pretende construir. La molestia en el petrismo no se limitó al simbolismo; fue también una advertencia sobre lo que consideran una deriva peligrosa en el discurso de campaña y en la composición del equipo que lo acompañará.

El episodio importa porque toca una fibra sensible en Colombia: la tensión histórica entre conservadurismo religioso y pluralismo institucional. En un país profundamente creyente, pero también diverso y constitucionalmente laico, la línea entre expresión de fe y uso político de la religión suele ser difusa y explosiva. Cada vez que un aspirante o gobernante convierte símbolos religiosos en parte de su narrativa pública, se activa una discusión más amplia sobre inclusión, derechos civiles y neutralidad del Estado. Esa conversación no es abstracta; puede terminar influyendo en debates sobre educación, familia, género, libertad religiosa y el trato que recibirá una ciudadanía que no comparte necesariamente la misma visión moral del gobernante.

Más allá del ruido del momento, el episodio deja una pregunta de fondo: si el nuevo liderazgo pretende presentarse como una alternativa de orden y valores, ¿hasta dónde está dispuesto a llevar esa identidad sin comprometer la neutralidad institucional? En política, los símbolos rara vez son inocentes. Y en este caso, la camándula, la Biblia y el retiro espiritual no solo hablaron de convicciones personales: también marcaron el tono de una disputa que recién comienza y que podría acompañar a De la Espriella durante toda su relación con el poder.

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