México prohíbe celulares en las escuelas para frenar la dependencia digital

Imagen: El País
México prohibirá el uso de teléfonos celulares en las escuelas públicas y privadas durante clases y recreos a partir del 3 de noviembre. La medida, impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, busca frenar la dependencia digital y proteger el desarrollo de niños y adolescentes.
México dará un giro en el uso de los celulares dentro de las escuelas: desde el 3 de noviembre, los estudiantes no podrán utilizarlos ni durante las clases ni en el recreo. La decisión, anunciada por la presidenta Claudia Sheinbaum, coloca al país entre los gobiernos de la región que intentan poner freno al avance del teléfono inteligente en la vida escolar, bajo el argumento de que su presencia está afectando la atención, la convivencia y el desarrollo infantil.
La política no solo apunta a limitar una distracción más en el aula. Según explicó el gobierno mexicano, la medida busca reducir la exposición temprana de niñas, niños y adolescentes a una dependencia tecnológica que ya se ha convertido en parte del problema educativo y social. El alcance de la restricción será amplio: se aplicará en los centros escolares y abarcará toda la jornada, lo que en la práctica elimina el espacio que muchos estudiantes han normalizado para revisar redes, mensajes o videos incluso en tiempos de descanso.
La decisión llega en un momento en que varios países revisan su relación con los dispositivos móviles en la educación. No es un debate menor ni puramente disciplinario. Detrás de esta medida hay una discusión más profunda sobre salud mental, concentración, rendimiento académico y convivencia. En México, como en buena parte de América Latina, el celular dejó de ser solo una herramienta de comunicación para convertirse en una extensión constante de la vida diaria. Esa transformación ha obligado a gobiernos y escuelas a preguntarse hasta qué punto la tecnología está ayudando al aprendizaje o, por el contrario, debilitando la experiencia escolar desde edades cada vez más tempranas.
El anuncio de Sheinbaum también tiene una lectura política. Su administración intenta mostrar una agenda con énfasis en protección social y bienestar infantil, un terreno sensible para una sociedad que arrastra brechas educativas persistentes y donde el acceso digital crece más rápido que la capacidad de regularlo. Falta por ver cómo se implementará la prohibición en miles de planteles, qué excepciones habrá y si las escuelas contarán con reglas claras para evitar que la medida se convierta en letra muerta. Pero el mensaje ya está enviado: el celular, que durante años entró al aula sin mayor discusión, ahora empieza a ser visto por el Estado mexicano como un problema que conviene sacar de la mesa antes de que siga marcando la infancia y la adolescencia.


