Murió Luciana Rojas: el caso que desnuda las fallas de remisión en el sistema de salud

Imagen: infobae colombia
Luciana Rojas, la bebé de 8 meses cuya familia pedía con urgencia un traslado de Neiva a Bogotá, murió mientras seguía en cuidados intensivos. El caso vuelve a poner bajo presión las fallas de remisión en el sistema de salud.
La muerte de Luciana Rojas, una bebé de 8 meses que permanecía en una unidad de cuidados intensivos en Neiva, dejó al descubierto una vez más la fragilidad del sistema de remisiones en Colombia y la desesperación de las familias cuando el tiempo médico corre más rápido que la respuesta institucional. Sus allegados venían pidiendo a la Nueva EPS que autorizara un traslado urgente a Bogotá, al considerar que su estado de salud se deterioraba y que la atención que recibía en Huila no bastaba para enfrentar la gravedad del cuadro clínico.
Según informó infobae colombia, la familia de la menor insistió públicamente en que se gestionara el traslado a la capital, donde esperaban una atención de mayor complejidad. En medio de esa angustia, también hicieron un llamado al presidente Abelardo de la Espriella para que interviniera en el caso, una petición que refleja hasta qué punto muchos hogares terminan buscando salidas por fuera de los canales normales cuando sienten que el sistema no responde con la velocidad que la emergencia exige. La situación de Luciana, que permanecía conectada a equipos de soporte en cuidados intensivos, se convirtió en un símbolo del drama cotidiano de quienes dependen de autorizaciones, trámites y disponibilidades que pueden tardar horas o días, justamente cuando cada minuto cuenta.
Más allá de la tragedia puntual, este caso vuelve a abrir el debate sobre un problema estructural: la capacidad real de las EPS para garantizar traslados oportunos, especialmente cuando se trata de pacientes pediátricos en estado crítico. En Colombia, la discusión sobre remisiones no es nueva, pero adquiere una dimensión especialmente dura cuando la demora puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. El episodio también expone el desgaste emocional y económico de las familias, obligadas a convertirse en gestoras, voceras y hasta denunciantes para intentar acelerar procesos que deberían estar resueltos de antemano por la red de atención.
La muerte de Luciana Rojas no debería quedar reducida a una noticia más en la larga lista de reclamos contra el sistema de salud. Para las familias de pacientes críticos, el problema no es abstracto: es la angustia de ver empeorar a un hijo mientras llegan o no llegan las autorizaciones. Y para el Estado, el caso deja una pregunta incómoda pero inevitable: de qué sirve tener una red de aseguramiento si, en el momento decisivo, la respuesta llega tarde.




