Herzog encarga a Eisenkot formar gobierno y Netanyahu eleva la tensión política

Imagen: clarin colombia
La decisión del presidente Isaac Herzog de encargarle a Gadi Eisenkot la formación de gobierno reordenó el tablero político en Israel. Benjamin Netanyahu respondió con dureza y advirtió sobre el impacto de una alianza con partidos árabes.
La crisis política en Israel entró en una fase decisiva después de que el presidente Isaac Herzog encargara al exjefe militar Gadi Eisenkot la tarea de intentar formar una nueva administración, apoyado por la Lista Conjunta, una fuerza en la que convergen agrupaciones árabes. El movimiento sacudió el equilibrio de bloques y abrió una disputa inmediata con Benjamin Netanyahu, que reaccionó alertando sobre los riesgos de entregar el gobierno a una coalición que, a su juicio, podría desarmar los cimientos institucionales del país.
Eisenkot, referente del partido Yashar y figura con peso propio dentro del establishment de seguridad israelí, planteó que la salida a la actual parálisis debe ser un gobierno de emergencia capaz de responder a la magnitud del momento. Según la información difundida por clarin colombia, el exmilitar se comprometió a asumir el desafío con una lógica de responsabilidad nacional, en un contexto marcado por la fragmentación parlamentaria y la incapacidad de los bloques tradicionales para asegurar una mayoría estable.
Netanyahu, por su parte, se movió en dirección contraria y buscó revitalizar su coalición previa con partidos ultraortodoxos y ultranacionalistas, la misma fórmula que le ha permitido sostener poder en etapas anteriores. El choque entre ambas rutas no es solo una pelea por cargos: revela una grieta profunda sobre el rumbo político de Israel, el papel de las fuerzas árabes dentro del sistema y la posibilidad de que una administración de transición consiga sostenerse en medio de tensiones internas crecientes. Para la ciudadanía, el desenlace importa porque de esa negociación dependerán la gobernabilidad, las prioridades de seguridad y la capacidad del Estado de responder a una coyuntura que ya no admite más vacíos de poder.
En el fondo, la jugada de Herzog confirma que Israel sigue atrapado en una lógica de bloques donde cada intento de recomposición abre una nueva batalla por la legitimidad. Si Eisenkot logra articular una mayoría, el país podría ensayar una fórmula inédita de emergencia; si fracasa, Netanyahu quedará mejor posicionado para volver a empujar su propio esquema de poder. En cualquiera de los casos, el mensaje es claro: la crisis ya no es solo electoral, sino estructural.


