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Polémica en Noruega: un condenado por violación cargará el féretro de Harald V

Hace 4 horas

La Casa Real noruega tomó una decisión que ha desatado polémica: permitió que Marius Borg Høiby, condenado por violación, participe en el funeral de Harald V y cargue su féretro. El gesto expone la tensión entre la solemnidad monárquica y un caso criminal que sacude a la familia real.

Noruega quedó envuelta en una controversia de alto voltaje institucional después de que la Casa Real autorizara a Marius Borg Høiby, hijo de una anterior pareja de la reina, a asistir al funeral de Harald V y a cargar el féretro junto al flamante rey. La decisión no pasó inadvertida: Høiby fue condenado a cuatro años de prisión por dos violaciones y otros 32 cargos, un expediente penal que deja a la familia real en el centro de una tormenta que mezcla protocolo, imagen pública y cuestionamientos éticos.

Según informó clarin colombia, Høiby cumple prisión domiciliaria en el palacio, una circunstancia que por sí sola ya revela el grado de excepcionalidad con el que se está manejando el caso. La autorización para participar en un acto fúnebre de tanta carga simbólica, y además en un rol visible al lado del nuevo monarca, abre interrogantes sobre los límites del deber ceremonial cuando la figura involucrada arrastra una condena por delitos sexuales. En cualquier monarquía, la imagen importa; en una como la noruega, que suele proyectarse como sobria y cercana, el costo reputacional de esa decisión puede ser alto.

El episodio también obliga a mirar más allá del protocolo. No se trata solo de si un miembro de la familia puede estar presente en una despedida de Estado, sino de qué mensaje envía la institución cuando da espacio de honor a una persona condenada por crímenes tan graves. En sociedades cada vez más sensibles a la violencia sexual y a la responsabilidad de las élites, decisiones como esta suelen ser leídas como privilegio, blindaje o desconexión con la ciudadanía. Y eso golpea especialmente a una monarquía que depende, más que otras instituciones, de la confianza pública y de la percepción de decoro.

Para los noruegos, el caso también llega en un momento delicado: la muerte de Harald V y la transición hacia un nuevo reinado deberían ordenar el relato de continuidad y estabilidad, pero la presencia de Høiby introduce un elemento incómodo que descompone esa narrativa. Lo que iba a ser un acto solemne de unidad termina convertido en una prueba de resistencia para la Corona. Y aunque la ceremonia siga adelante, el ruido ya está instalado: la pregunta no es solo si el protocolo lo permite, sino si la sociedad acepta que alguien condenado por violación ocupe ese lugar de honor en uno de los días más sensibles para la monarquía.

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