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Nuevo golpe al bolsillo en el AMBA: arrancó otra suba en colectivos y trenes

Hace 1 hora
Nuevo golpe al bolsillo en el AMBA: arrancó otra suba en colectivos y trenes

Imagen: infobae

Desde este lunes, los colectivos y trenes del Área Metropolitana vuelven a subir en una nueva etapa del ajuste tarifario que empezó a mediados de mayo. La medida golpea otra vez el bolsillo de millones de pasajeros y se da mientras siguen abiertas las negociaciones salariales con los choferes.

Desde este lunes, viajar en colectivo y tren dentro del Área Metropolitana de Buenos Aires cuesta más. Se trata del segundo tramo de los aumentos que comenzaron a aplicarse a mediados de mayo y que, según informó infobae, seguirán escalonándose hasta julio en un esquema que vuelve a poner presión sobre el bolsillo de los usuarios en medio de una economía todavía tensionada por la inflación y la pérdida del poder adquisitivo.

La actualización alcanza a los principales servicios de transporte urbano y ferroviario del AMBA, una red que millones de personas usan todos los días para ir a trabajar, estudiar o hacer trámites. El incremento no llega aislado: se enmarca en una secuencia de subas ya prevista por las autoridades y que responde, en parte, al intento oficial de recomponer tarifas que venían atrasadas respecto de los costos del sistema. Al mismo tiempo, el cuadro se complica por las negociaciones pendientes sobre el salario de los choferes, un frente que puede alterar el funcionamiento del servicio si no se encamina pronto.

Lo que está ocurriendo no es un hecho menor ni una simple actualización técnica. En Argentina, el transporte público cumple una función social decisiva: cuando la tarifa sube, el impacto no se distribuye de manera pareja. Para quienes viven en la periferia del conurbano y dependen de más de un medio de transporte para llegar al centro, cada ajuste se multiplica por la cantidad de viajes mensuales. En la práctica, eso significa menos margen para otros gastos básicos, desde alimentos hasta medicamentos, y una carga adicional para trabajadores informales, estudiantes y jubilados, que suelen absorber el costo sin posibilidad real de recorte. Por eso, cada aumento en colectivos y trenes no solo modifica una tarifa: también reordena el presupuesto doméstico de miles de familias.

El dato político y económico de fondo es que esta nueva suba llega en un momento en que el gobierno intenta ordenar las cuentas del sistema de transporte, pero lo hace sobre una base social cada vez más frágil. La discusión por los salarios de los choferes agrega otra capa de incertidumbre: si las paritarias se empantanan, el conflicto puede trasladarse al servicio y generar demoras, interrupciones o nuevas tensiones entre empresas, gremios y Estado. En otras palabras, el aumento no solo encarece el viaje; también revela que el transporte sigue siendo uno de los puntos más sensibles de la agenda pública, donde se cruzan inflación, subsidios, salarios y calidad de vida. Y mientras no haya una solución de fondo, cada nueva tarifa será sentida como un recordatorio más de que moverse por la ciudad también se ha convertido en un lujo relativo para buena parte de la población.

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