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Microalgas convierten aguas residuales en biomasa útil para agricultura y energía

Hace 1 hora

Científicos andaluces lograron convertir aguas residuales en biomasa de microalgas con valor agrícola y energético. El avance abre la puerta a depurar contaminantes y, al mismo tiempo, producir fertilizantes, pienso o biocombustibles.

Un equipo de investigadores en Almería consiguió transformar aguas residuales urbanas en biomasa de microalgas con potencial comercial, un avance que combina depuración ambiental y producción de insumos para agricultura, ganadería y energía. El hallazgo, desarrollado por científicos de la Universidad de Almería y del centro CIESOL, apunta a una idea cada vez más relevante: tratar residuos no solo como un problema a resolver, sino como una materia prima capaz de generar valor.

Según informó infobae a partir de datos de EFE, el equipo trabajó con reactores abiertos de 10.000 litros alimentados con aguas residuales sin tratar y con microalgas como Scenedesmus almeriensis, además de otras especies habituales en la provincia. A partir de ese sistema, lograron obtener biomasa “a la carta”, es decir, con una composición ajustable según el objetivo: mayor contenido proteico o mayor presencia de lípidos. Esa diferencia no es menor, porque abre usos distintos: desde fertilizantes y pienso hasta biocombustibles. Los investigadores también identificaron dos claves técnicas para mejorar la producción: modificar la profundidad del cultivo y controlar los parámetros operativos que influyen en la composición bioquímica de las algas.

El avance encaja en una tendencia más amplia de economía circular, en la que el tratamiento de aguas deja de ser solo un proceso de saneamiento para convertirse en una plataforma de producción. En términos prácticos, esto importa porque puede ayudar a reducir la carga contaminante mientras se generan productos útiles y potencialmente más baratos. Para zonas agrícolas como Andalucía, donde el agua, los fertilizantes y la eficiencia energética son temas críticos, la propuesta tiene implicaciones directas. Pero también plantea retos: escalar este modelo, controlar su costo y garantizar que la biomasa cumpla con los estándares necesarios para cada uso.

El equipo, además, incorporó una herramienta poco habitual en este tipo de estudios: espectroscopía de infrarrojo cercano, o NIR, para estimar la composición de la biomasa a bajo costo. El siguiente paso es dar un salto aún más ambicioso: medir en tiempo real, directamente dentro del reactor y sin tomar muestras, la composición de las microalgas. Si esa fase funciona, no estaríamos solo ante una mejora técnica de laboratorio, sino ante una tecnología con capacidad de cambiar la manera en que se depuran las aguas residuales y se aprovechan sus subproductos. En un contexto de presión por el agua, los residuos y la seguridad alimentaria, ese tipo de innovación puede terminar pesando más de lo que parece hoy.

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