Colombia

Sismo en Pereira deja 58.000 niños sin clases y activa debate por educación virtual

Hace 4 horas

El sismo que sacudió a Pereira no solo dejó daños materiales: también dejó a 58.000 niños sin clases. Mientras avanzan las reparaciones, Rodrigo Lara pidió habilitar educación virtual como salida inmediata.

El sismo que afectó a Pereira terminó golpeando uno de los puntos más sensibles de la emergencia: la educación. De acuerdo con la información conocida, cerca de 58.000 niños quedaron desescolarizados tras los daños sufridos en instituciones educativas de la ciudad, una cifra que obliga a las autoridades a buscar soluciones urgentes para evitar que la interrupción académica se prolongue más de la cuenta. En ese escenario, Rodrigo Lara planteó la posibilidad de activar educación virtual mientras se adelantan las reparaciones y se define cuándo podrán volver a operar con normalidad los planteles afectados.

La discusión no es menor. Cuando una emergencia natural impacta la infraestructura escolar, el problema no se limita a paredes agrietadas o techos comprometidos: también altera la rutina de miles de familias, deja a los estudiantes sin clases y profundiza brechas que ya existen entre quienes tienen acceso a conectividad y dispositivos y quienes no. Según informó infobae colombia, las autoridades están evaluando alternativas para garantizar la continuidad académica, una tarea que exige no solo voluntad política sino capacidad operativa real para que la respuesta no se quede en un anuncio.

La petición de Lara pone sobre la mesa una salida que en Colombia ganó protagonismo durante la pandemia, pero que sigue siendo desigual en su aplicación. La educación virtual puede funcionar como puente temporal, sí, pero no resuelve por sí sola los problemas de fondo: conectividad deficiente, falta de equipos en los hogares, y la imposibilidad de sustituir del todo la presencialidad en los primeros ciclos escolares. Por eso, el verdadero desafío para Pereira no es únicamente reactivar clases, sino hacerlo sin profundizar la exclusión educativa de los más vulnerables. En otras palabras, la emergencia obliga a medir no solo la velocidad de respuesta, sino también su equidad.

Lo que ocurra en las próximas semanas será determinante para miles de estudiantes que dependen de la escuela pública como espacio de aprendizaje, alimentación y contención social. Si la reparación de colegios se dilata, la pérdida no será solo de tiempo académico: también puede traducirse en retrocesos emocionales y sociales para los menores y en una presión adicional para hogares que ya enfrentan el impacto del temblor. Pereira, hoy, no solo está reparando infraestructura; está intentando evitar que un sismo termine convirtiéndose en una crisis educativa de mayor alcance.

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