Taybeh, el último pueblo cristiano de Cisjordania, resiste entre colonos y bloqueo militar
El patriarca latino de Jerusalén llevó un mensaje de respaldo a Taybeh, el último pueblo cristiano de Cisjordania, golpeado por ataques de colonos y restricciones militares. La visita expone una crisis que mezcla seguridad, asfixia económica y desplazamiento silencioso.
La visita del patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, a Taybeh dejó un mensaje político y espiritual a la vez: la Iglesia católica no piensa abandonar al último pueblo completamente cristiano de Cisjordania ocupada, aun cuando la presión de los colonos israelíes y las restricciones militares empujan a sus habitantes a vivir cada vez más encerrados y con menos horizonte. Durante la misa celebrada en la Iglesia Latina del Cristo Redentor, el cardenal defendió la permanencia cristiana en Tierra Santa y llamó a la comunidad local a resistir sin renunciar a sus derechos, en una señal clara de respaldo en medio de una escalada que ya no es solo religiosa, sino también demográfica y económica.
Según informó el Patriarcado Latino, la presencia de Pizzaballa se produjo en un momento especialmente delicado para Taybeh. En julio, el Ejército israelí declaró el área como “zona militar cerrada”, una decisión que impide el acceso de no residentes, incluidos peregrinos, periodistas, voluntarios y visitantes, y que en la práctica ha profundizado el aislamiento del pueblo. El alcalde Suleiman Jouria denunció a la agencia Wafa que, pese al argumento oficial de protección frente a los colonos, los ataques no han cesado: continúan las incursiones, el vandalismo y el pastoreo en tierras comunitarias. A eso se suma la caída del turismo, una fuente clave de ingresos para una localidad que vive en buena medida de su carácter histórico y religioso.
El caso de Taybeh no es aislado, pero sí simbólico. Allí confluyen varios de los elementos que están vaciando lentamente a las comunidades cristianas palestinas: violencia de colonos, expansión de asentamientos, restricciones de movilidad, deterioro económico y una sensación creciente de abandono. Desde el 7 de octubre de 2023, la situación en Cisjordania se ha deteriorado aún más, en un contexto de expansión de colonias, mayor acceso a armas para colonos y una infraestructura estatal que les facilita carreteras, agua y servicios básicos, mientras los pueblos palestinos enfrentan más controles y menos protección efectiva. En ese tablero, Taybeh se ha convertido en una especie de línea roja: si incluso este enclave —con escuela, centro médico, emisora, casas de huéspedes, congregaciones religiosas, olivares y vida comunitaria— empieza a desmoronarse, el mensaje para el resto de la población cristiana de la zona es demoledor.
La advertencia de fondo es clara: no se trata solo de preservar un pueblo, sino de evitar que la presencia cristiana palestina en Cisjordania siga reduciéndose por presión directa o por agotamiento económico. Pizzaballa intentó llevar consuelo, pero también dejó una lectura más dura entre líneas: sin seguridad real y sin libertad de movimiento, la fe puede sostener la esperanza, pero no garantiza que la gente se quede. Y cuando las familias empiezan a emigrar, como ya ocurre en Taybeh, la pérdida no se mide únicamente en números, sino en la desaparición gradual de una comunidad histórica que resiste entre la ocupación, el miedo y la asfixia cotidiana.



