Paraguay tumba a Alemania en los penaltis y firma una noche histórica

Imagen: El País
Paraguay firmó una de esas victorias que cambian el relato de un torneo: dejó fuera a Alemania en los penaltis y convirtió la resistencia en una hazaña. El equipo de Gustavo Alfaro, liderado por Enciso, ahora espera en octavos al vencedor del cruce entre Francia y Suecia.
Paraguay dio el golpe más sonoro de la jornada y eliminó a Alemania en la tanda de penaltis, en una victoria que vale mucho más que el pase a la siguiente ronda: es una declaración de carácter. El equipo dirigido por Gustavo Alfaro sostuvo un partido de máxima tensión, se adelantó con un gol de Julio Enciso y luego resistió el empate de Kai Havertz hasta forzar una definición desde los once metros en la que la Mannschaft volvió a exhibir una versión plana, sin respuesta ni claridad para imponer su jerarquía.
La actuación paraguaya tuvo algo de manual de supervivencia competitiva. Enciso, una de las caras más prometedoras del fútbol guaraní, aprovechó el momento para golpear primero y obligó a Alemania a perseguir el encuentro desde una incomodidad que nunca logró resolver del todo. El empate de Havertz devolvió a los europeos al partido, pero no les dio control real sobre el juego. Paraguay, en cambio, se aferró al orden, cerró espacios, redujo los riesgos y convirtió cada minuto en una prueba de paciencia para un rival que manejó la pelota sin traducirla en peligro. Cuando llegó la tanda, el desenlace fue fiel a lo que se había visto durante el trámite: un equipo convencido frente a otro desorientado.
Lo que hace relevante este resultado no es solo la eliminación de una potencia tradicional, sino la forma en que Paraguay la consiguió. Alfaro, un entrenador acostumbrado a sacar rendimiento de planteles que no siempre parten entre los favoritos, construyó un equipo con disciplina, solidaridad y una lectura muy clara del contexto. En torneos cortos, donde el margen entre avanzar o caer es mínimo, ese tipo de virtudes suele pesar tanto como el talento individual. Para Paraguay, esta victoria puede funcionar como un punto de quiebre simbólico: confirma que ya no compite únicamente desde la resistencia, sino también desde la convicción de que puede golpear a cualquiera si mantiene el plan.
El premio ahora será un cruce de mayor exigencia en octavos, frente al ganador del duelo entre Francia y Suecia, un escenario que obliga a mantener los pies en la tierra. Pero el impacto de esta noche ya está hecho: Paraguay no solo avanzó, sino que dejó a Alemania sin respuestas y reabrió una conversación incómoda sobre el presente de una selección que sigue cargando con su historia, pero que en el campo no encontró la manera de hacerla valer. Para el fútbol paraguayo, en cambio, la imagen es otra: la de un equipo que, cuando parecía condenado a sufrir, encontró la forma de escribir una de sus páginas más resonantes en años.


