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Renuncia en el Ejército de EE.UU.: el Pentágono agrava su vacío de mando

Hace 4 horas

El Ejército de Estados Unidos quedó sin conducción civil ni militar permanente tras la renuncia de Dan Driscoll, en medio de choques con el jefe del Pentágono Pete Hegseth. La salida profundiza la incertidumbre en una fuerza ya golpeada por la destitución previa de su principal mando militar.

La renuncia de Dan Driscoll deja al Ejército de Estados Unidos en una situación delicada: sin un secretario civil estable y sin un jefe militar permanente que lo respalde. La salida ocurre en un momento de tensiones abiertas dentro del Departamento de Defensa, donde Driscoll venía chocando con el secretario Pete Hegseth, quien ya había removido en abril al jefe del Estado Mayor, el general Randy George. El resultado es una cadena de vacíos en la conducción de una de las ramas más sensibles de las Fuerzas Armadas estadounidenses.

Según informó Clarín Colombia, Driscoll presentó su salida después de apenas 18 meses en el cargo, un período corto incluso para los estándares de la política de defensa en Washington. El dato que más preocupa no es solo la rotación, sino la ausencia de un reemplazo permanente. Hasta ahora, Hegseth no ha anunciado quién tomará las riendas del Ejército, lo que prolonga la sensación de provisionalidad en una institución que depende de decisiones estables para temas tan sensibles como presupuesto, reclutamiento, modernización y preparación operativa.

Este tipo de crisis interna no se limita a un problema de nombres en cargos altos. Cuando el liderazgo civil y militar se fragmenta, el costo se traslada a toda la estructura: se ralentizan decisiones estratégicas, se debilita la coordinación con el resto del aparato de defensa y se envía una señal incómoda a aliados y adversarios. En un contexto internacional marcado por la competencia con China, la guerra en Ucrania y la tensión en Medio Oriente, la falta de continuidad en el Ejército estadounidense puede leerse como un síntoma de desgaste político en la cúpula del Pentágono. Y en términos prácticos, eso impacta desde la definición de prioridades de gasto hasta la capacidad de responder con rapidez a crisis globales.

La pregunta de fondo es hasta dónde llega el reordenamiento impulsado por Hegseth y si se trata de una purga administrativa o de una disputa más profunda sobre el control político de las Fuerzas Armadas. En Washington, cada movimiento en la cúpula militar suele tener efectos que van mucho más allá de los muros del Pentágono. Y esta vez, el mensaje que deja la salida de Driscoll es claro: el Ejército estadounidense entra en una etapa de incertidumbre justo cuando menos margen tiene para improvisar.

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