Estados Unidos

Aghion advierte que la IA barajará el empleo antes de crear más trabajo

Hace 1 hora
Aghion advierte que la IA barajará el empleo antes de crear más trabajo

Imagen: El País

Philippe Aghion sostiene que la inteligencia artificial no solo automatizará tareas: al inicio destruirá empleos y después empujará una reorganización profunda del mercado laboral. El economista, asociado a la teoría de la destrucción creativa, cree que el reto será amortiguar el golpe y acelerar la transición.

La inteligencia artificial no llega, según Philippe Aghion, como una simple herramienta de productividad, sino como una fuerza capaz de desordenar por completo el mercado de trabajo antes de reconstruirlo sobre nuevas bases. El economista, reconocido por su aporte a la idea de la destrucción creativa, advierte que el primer efecto visible de esta tecnología será la desaparición de numerosos puestos de trabajo, aunque a mediano plazo podría abrir espacio para más empleo del que elimina. Su lectura es clara: la transición será dolorosa, pero también decisiva para medir qué economías saben adaptarse y cuáles quedan rezagadas.

El argumento de Aghion parte de una premisa que hoy ya se ve en sectores concretos: la inteligencia artificial no solo reemplaza tareas repetitivas, también empieza a asumir funciones de análisis, redacción, programación básica, atención al cliente y procesamiento de datos. Eso implica que empresas en Estados Unidos, Europa y América Latina pueden reducir plantillas en áreas enteras mientras reorganizan sus operaciones con menos personal y más automatización. Pero el economista no se queda en el diagnóstico pesimista. Su tesis es que, como ocurrió con otras olas tecnológicas, la pérdida inicial de empleos puede dar paso a nuevas actividades, empresas y oficios que hoy todavía no existen o que aún son marginales.

Ese punto conecta con una discusión más amplia sobre la llamada destrucción creativa, una idea central en la economía moderna: el progreso no avanza sumando siempre sobre lo existente, sino reemplazando viejas formas de producir por otras más eficientes. La diferencia con la inteligencia artificial es la velocidad. Si la revolución industrial tardó décadas en cambiar la estructura del trabajo, la IA puede hacerlo en pocos años, con menos tiempo para que trabajadores, sistemas educativos y gobiernos se ajusten. Ahí está el verdadero riesgo que Aghion pone sobre la mesa: no tanto la desaparición definitiva del empleo, sino una reorganización brusca que castigue a quienes tengan menos capacidad de reconversión. Para Estados Unidos, eso significa presión sobre oficinas, servicios y sectores de clase media; para Colombia, el desafío es todavía mayor por la informalidad, la baja productividad y la escasa cobertura de formación técnica.

La advertencia, en el fondo, obliga a mirar más allá del entusiasmo tecnológico. Si la IA va a generar más empleo del que destruye, eso no ocurrirá por inercia, sino por decisiones públicas y privadas: inversión en educación, programas de reskilling, protección social durante las transiciones y políticas que impulsen nuevas empresas. En otras palabras, el futuro del trabajo no dependerá solo de la tecnología, sino de la capacidad de los gobiernos para evitar que la primera ola de desplazamiento laboral deje a millones fuera del camino antes de que aparezcan las nuevas oportunidades.

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