Colombia

Muerte de colombiano bajo custodia del ICE desata críticas de la izquierda en Colombia

Hace 1 hora

La muerte de un colombiano de 26 años en custodia del ICE en Maine desató reacciones airadas de figuras de la izquierda en Colombia. Camilo Romero, Mafe Carrascal y Alejandro Ocampo advirtieron que este caso podría anticipar una política migratoria más dura en la región.

La muerte de un joven colombiano de 26 años bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, ICE, en Maine, encendió una nueva alerta política en Colombia y volvió a poner en el centro del debate el trato que reciben los migrantes detenidos en ese país. La noticia, ocurrida el lunes 13 de julio de 2026, generó pronunciamientos inmediatos de dirigentes de izquierda que vieron en el caso un síntoma de una política migratoria cada vez más agresiva y un riesgo que, advierten, podría extenderse a América Latina.

Según informó Infobae Colombia, el exgobernador y excandidato presidencial Camilo Romero fue uno de los primeros en reaccionar en X, donde vinculó el hecho con una escalada de prácticas represivas contra la población migrante. En la misma línea, la representante a la Cámara Mafe Carrascal cuestionó la actuación de las autoridades migratorias estadounidenses y puso el foco en la vulnerabilidad de los colombianos que viven o transitan en EE. UU. Por su parte, el congresista Alejandro Ocampo amplificó el señalamiento político y advirtió sobre la posibilidad de que este tipo de operativos y muertes bajo custodia se conviertan en una dinámica recurrente, no solo en Norteamérica sino también en países latinoamericanos.

Más allá de la indignación puntual, el episodio abre una discusión más profunda sobre el endurecimiento del sistema migratorio estadounidense y sus efectos sobre miles de colombianos que dependen de visas temporales, procesos de asilo o de una estancia irregular para intentar sostenerse en territorio norteamericano. En los últimos años, ICE ha sido objeto de críticas por sus métodos de detención, la falta de transparencia en algunos casos y las denuncias sobre condiciones precarias dentro de sus centros. Para la comunidad migrante, cada caso como este no solo tiene un peso humano devastador: también refuerza el miedo a ser arrestado, a no tener acceso oportuno a asistencia legal o médica y a quedar atrapado en una maquinaria burocrática que suele operar lejos del escrutinio público.

En Colombia, la reacción de estos dirigentes también revela otra capa del problema: la migración ya no se discute solo como un asunto humanitario o consular, sino como una disputa política con eco regional. Cuando líderes de izquierda hablan de una posible “ola” de estos escuadrones en Latinoamérica, están apuntando a una preocupación de fondo: que la lógica de seguridad y control fronterizo gane terreno en el continente con costos directos para los más vulnerables. El caso en Maine, todavía envuelto en preguntas sobre las circunstancias concretas de la muerte, deja una advertencia incómoda: la crisis migratoria entre Estados Unidos y América Latina no se mide únicamente en cifras de deportación, sino en vidas que pueden apagarse dentro del propio sistema que prometía custodia y procedimiento.

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