EE.UU. podría volver al pelotón de fusilamiento tras 80 años

Imagen: BBC Mundo
La eventual ejecución de Nidal Hasan reabriría una página cerrada hace 80 años: el uso de un pelotón de fusilamiento por parte del Ejército de Estados Unidos. El caso revive el debate sobre la pena de muerte militar y el peso simbólico de un castigo casi extinguido.
La eventual ejecución de Nidal Hasan devolvería a Estados Unidos a una imagen que parecía enterrada desde la Segunda Guerra Mundial: un pelotón de fusilamiento como método para aplicar la pena capital. Si se concreta, sería la primera vez que el Ejército estadounidense recurre a este mecanismo desde 1945, un dato que por sí solo explica la carga histórica y política del caso.
Hasan, conocido como el autor del ataque de Fort Hood, fue condenado por una de las peores matanzas en una base militar en la historia reciente del país. Su caso no solo encarna la dimensión penal de un hecho de enorme impacto, sino también el choque entre la lógica castrense y un país donde la pena de muerte sigue siendo legal en algunos estados, pero casi siempre se ejecuta con inyección letal. Que el Ejército contemple ahora un método tan raro habla de las particularidades del sistema militar de justicia y de la dificultad de ejecutar una sentencia capital sin abrir nuevas controversias.
El retorno simbólico del pelotón de fusilamiento importa porque reaviva preguntas incómodas sobre el castigo, la memoria bélica y los límites de la justicia estadounidense. No se trata solo de cómo se ejecuta una condena, sino de qué imagen del poder proyecta el Estado cuando decide recurrir a una forma de ejecución asociada a tiempos de guerra y disciplina militar extrema. En un país polarizado sobre la pena de muerte, el caso puede reactivar el debate sobre si estos castigos reparan a las víctimas o solo prolongan el trauma colectivo.
Más allá del expediente de Hasan, lo que está en juego es la vigencia de un mecanismo que parecía reservado a los libros de historia. Para la sociedad estadounidense, el regreso del pelotón de fusilamiento sería un recordatorio de que ciertas herramientas del pasado nunca desaparecen del todo; simplemente esperan, en silencio, a que un caso excepcional las devuelva al centro de la discusión pública.



