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Tener muy poca grasa corporal también puede enfermarte

Hace 1 hora
Tener muy poca grasa corporal también puede enfermarte

Imagen: BBC Mundo

La obsesión por reducir la grasa corporal al mínimo puede salir cara: el cuerpo la necesita para producir hormonas, proteger órganos y regular la temperatura. Perderla en exceso no solo afecta la energía, también puede alterar funciones vitales.

Durante años, el mensaje dominante sobre salud y físico ha empujado a muchas personas a creer que cuanto menos grasa corporal tengan, mejor. Pero esa lógica, que parece intuitiva en una cultura obsesionada con la delgadez, ignora una verdad básica: la grasa no es un enemigo biológico, sino un tejido esencial para sobrevivir. Según explicó BBC Mundo, el organismo la usa para producir hormonas, almacenar energía, proteger órganos y ayudar a regular la temperatura del cuerpo. Perseguir niveles extremos de pérdida de grasa, lejos de ser una meta saludable, puede convertirse en una amenaza real para el equilibrio interno.

El problema no es solo estético. Cuando el porcentaje de grasa cae demasiado, el cuerpo empieza a resentirlo en múltiples frentes. La grasa participa en procesos hormonales clave y su ausencia puede alterar funciones como el ciclo menstrual, la fertilidad, el metabolismo y hasta la respuesta del sistema inmunológico. También cumple un papel estructural: amortigua golpes, protege órganos vitales y contribuye a mantener la temperatura corporal estable. En otras palabras, no se trata de un “extra” prescindible, sino de una reserva fisiológica que el organismo necesita para operar con normalidad. La obsesión por eliminarla puede llevar a fatiga persistente, mayor vulnerabilidad a lesiones y un deterioro general del bienestar.

Este debate importa porque conecta con una tendencia más amplia: la confusión entre salud y apariencia. En redes sociales, gimnasios y hasta en ciertas narrativas de bienestar, se sigue vendiendo la idea de que un cuerpo más seco es automáticamente un cuerpo más sano. Pero la biología no funciona así. Tanto en Estados Unidos como en Colombia, donde la presión por encajar en estándares corporales se mezcla con dietas extremas y retos virales, el riesgo es el mismo: normalizar prácticas que parecen disciplina, pero que terminan castigando al organismo. La grasa corporal, en niveles adecuados, es parte de la salud; por eso reducirla sin criterio médico puede generar más problemas de los que promete resolver.

La clave, entonces, no está en eliminar grasa a toda costa, sino en entender su función y buscar equilibrio. El verdadero objetivo no debería ser un cuerpo llevado al límite, sino uno capaz de sostener energía, hormonas estables, defensa inmunológica y buen funcionamiento metabólico. En un entorno saturado de mensajes simplistas sobre nutrición, recordar que la grasa es necesaria resulta casi un acto de higiene informativa: la salud no se mide por cuánto se puede suprimir del cuerpo, sino por qué tan bien puede seguir funcionando.

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