Gobierno traslada 120 presos de Buenaventura y promete ayudas por el terremoto
Imagen: El Tiempo - Política
El presidente Abelardo De La Espriella ordenó trasladar a 120 presos de Buenaventura a cárceles de otras regiones del país, en una decisión que el Gobierno presenta como una respuesta de seguridad y control territorial. El anuncio coincidió con promesas de ayudas económicas y viviendas para las familias afectadas por el terremoto.
El presidente Abelardo De La Espriella ordenó el traslado de 120 personas privadas de la libertad desde Buenaventura hacia cárceles de otras regiones de Colombia, una medida que busca, según el Gobierno, desarticular dinámicas de control carcelario y reducir la influencia criminal en uno de los puntos más sensibles del Pacífico colombiano. La decisión se conoció durante su visita a la ciudad, en medio de un ambiente marcado no solo por las tensiones de seguridad, sino también por la emergencia social que dejó el terremoto en varias familias de la zona.
Aunque el Ejecutivo no detalló de inmediato los criterios individualizados para el traslado, la medida apunta a mover presos considerados estratégicos para estructuras delictivas que operan desde dentro y fuera de los centros penitenciarios. En Buenaventura, donde confluyen economías ilegales, disputas por corredores de narcotráfico y una débil capacidad institucional, el sistema carcelario ha sido históricamente un factor de extensión del conflicto, no un simple espacio de reclusión. Por eso, el traslado de estos internos no es solo una decisión administrativa: es un mensaje de que el Gobierno quiere recuperar control sobre una ciudad donde la violencia suele mutar más rápido que la respuesta estatal.
La visita presidencial también dejó anuncios en materia de atención a la tragedia natural. De La Espriella prometió ayudas económicas y soluciones de vivienda para las familias damnificadas por el sismo, en un intento por combinar la agenda de orden público con la de recuperación social. Esa doble señal importa porque Buenaventura, como buena parte del litoral pacífico, carga simultáneamente con la inseguridad estructural y con una vulnerabilidad histórica frente a desastres, pobreza y abandono estatal. En la práctica, el desafío no será solo mover presos o entregar subsidios, sino demostrar que el Estado puede sostener su presencia más allá del anuncio: en las calles, en los barrios afectados y dentro de las cárceles, donde se juega buena parte del poder real en esta región.
El trasfondo de esta decisión es claro: en territorios como Buenaventura, la seguridad no se resuelve únicamente con operativos, sino con capacidad institucional sostenida, inversión social y control efectivo de las redes criminales que se adaptan a cada vacío. Si el traslado de los 120 presos no va acompañado de vigilancia sobre quién ocupa esos espacios de poder dentro y fuera de prisión, el impacto puede ser temporal. Y si las promesas por el terremoto se quedan en anuncio, la ciudadanía terminará viendo una vez más el mismo patrón: mucha presencia del Estado en la foto, poca permanencia en la vida cotidiana de la gente.



