La ONU respalda dejar atrás el mapa de Mercator y África gana una batalla simbólica

Imagen: BBC Mundo
La ONU dio un paso simbólico pero potente al respaldar el reemplazo de la proyección de Mercator en mapas oficiales. La decisión reabre el debate sobre cómo un dibujo del mundo también puede moldear poder, percepción y jerarquías.
La Asamblea General de la ONU respaldó una iniciativa para dejar atrás la proyección de Mercator en la elaboración de mapamundis oficiales, un cambio que va más allá de la cartografía: toca la forma en que el mundo ha sido representado durante siglos y, con ello, cómo se ha visto a sí mismo. La discusión no es técnica ni menor. África y varios países del Sur Global llevan años denunciando que este mapa agranda de manera desproporcionada a Europa y Norteamérica, mientras reduce visualmente al continente africano, distorsionando su peso real en el planeta.
La proyección de Mercator, diseñada en el siglo XVI para facilitar la navegación marítima, fue útil para trazar rumbos, pero no para mostrar con fidelidad el tamaño de los territorios. Ese es el núcleo del problema: un recurso pensado para barcos terminó convirtiéndose en una imagen dominante del mundo, usada durante décadas en aulas, oficinas públicas y medios de comunicación. Según informó BBC Mundo, la votación de la ONU abre la puerta a sustituirla por representaciones más equilibradas, una demanda impulsada especialmente por gobiernos africanos que consideran que esta distorsión alimenta una percepción equivocada sobre la relevancia territorial, demográfica y política de su región.
El debate importa porque los mapas no solo describen la realidad: también la ordenan. Cuando una proyección hace ver a Europa más grande que África, aunque en realidad África es varias veces mayor, no estamos ante un simple error visual, sino ante una narrativa silenciosa sobre poder y centralidad. Eso tiene efectos en la educación, en la diplomacia y hasta en la manera en que se imagina la economía global. Para América Latina, y en particular para países como Colombia, la discusión también es relevante: pone sobre la mesa cómo el orden internacional ha sido contado desde una mirada geográfica que favorece a unos actores sobre otros. Cambiar el mapa no resolverá las desigualdades del mundo, pero sí puede corregir una de sus metáforas más persistentes.
En el fondo, la votación de la ONU refleja algo más amplio: la disputa por quién define la imagen del planeta. Y aunque un nuevo mapamundi no transforme por sí solo las relaciones de poder, sí puede modificar la forma en que millones de personas entienden su lugar en el mundo. En tiempos en que la representación importa tanto como los hechos, corregir un mapa también es una forma de corregir el relato.
