Petro apuesta su cierre de gobierno a ocho reformas clave en el nuevo Congreso
Imagen: El Tiempo - Política
El gobierno de Gustavo Petro llegó al nuevo Congreso con ocho reformas bajo el brazo, en un último intento por dejar amarrada su agenda social antes de que termine el mandato. El paquete incluye salud, trabajo y una nueva reforma tributaria, pero su destino depende de una correlación política que hoy le es más adversa.
El gobierno de Gustavo Petro volvió a apostar por el Congreso en el tramo final de su mandato y radicó ocho reformas que, en conjunto, resumen lo que sigue siendo su batalla central: cambiar las reglas del juego en materia fiscal, laboral y de salud antes de que se le acabe el tiempo político. Según informó El Tiempo - Política, entre las iniciativas están una nueva reforma tributaria, ajustes al sistema de salud y un estatuto del trabajo, tres apuestas que no solo son sensibles en términos técnicos, sino también explosivas en un escenario legislativo donde el Ejecutivo ya no tiene la misma capacidad de negociación que al inicio del cuatrienio.
La decisión no es menor. Radicar un paquete de esta magnitud ante un Congreso renovado, cuando el gobierno entra en su fase final, equivale a lanzar una ofensiva legislativa con reloj en contra. En el papel, cada proyecto toca una nervadura distinta del país: la tributaria busca recursos para sostener el gasto público y financiar prioridades sociales; la reforma a la salud insiste en modificar un sistema que arrastra problemas de acceso, intermediación y sostenibilidad; y el estatuto del trabajo pretende reordenar una relación laboral marcada por informalidad, precariedad y baja protección. De acuerdo con lo publicado por El Tiempo - Política, el resto de iniciativas completa una agenda que Petro ha defendido como el núcleo de su proyecto de “cambio”, pero que en el Congreso ha encontrado resistencias constantes, aplazamientos y versiones recortadas.
Lo que está en juego va más allá del trámite de ocho textos legislativos. Petro intenta dejar una huella estructural en áreas que durante décadas han sido terreno de disputa entre el Estado, el mercado y la calle. Pero el calendario juega en su contra: a medida que avanza la recta final del mandato, disminuye el margen para construir mayorías, negociar con bancadas independientes y sobrevivir a la presión de sectores económicos, gremiales y de la oposición. En otras palabras, el gobierno no solo enfrenta el reto de convencer a los congresistas; también debe convencer al país de que estas reformas son necesarias, viables y urgentes. Y ese es un debate que golpea de frente a la ciudadanía, porque de su desenlace depende cuánto pagará en impuestos, cómo será atendida en el sistema de salud y bajo qué condiciones podrá trabajar en los próximos años.
Por eso, el verdadero desafío no es simplemente radicar proyectos, sino convertirlos en ley en un Congreso que ya está leyendo el final del ciclo político de Petro. Si el Gobierno logra mover aunque sea parte de esta agenda, podrá decir que no cerró su mandato sin pelear por su programa original. Si fracasa, quedará la imagen de un Ejecutivo que llegó con una ambición reformista enorme, pero se estrelló con los límites de la aritmética parlamentaria y la fatiga política de un país polarizado.




