Colombia

De la Espriella empuja una derecha más dura que el uribismo y más cercana a Trump

Hace 4 horas
De la Espriella empuja una derecha más dura que el uribismo y más cercana a Trump

Imagen: BBC Mundo

Abelardo de la Espriella está empujando la derecha colombiana hacia un terreno más duro, más confrontativo y más alineado con el trumpismo. Su apuesta no es solo superar a Uribe en discurso de orden, sino reinventar el conservadurismo para una era de polarización global.

Abelardo de la Espriella no está tratando de parecerse a la derecha colombiana de siempre: está intentando desplazarla. Su mensaje político, según el perfil trazado por BBC Mundo, combina una dosis extrema de mano dura, rechazo frontal a la izquierda y un lenguaje de confrontación que busca conectar con el clima de época que dejó Donald Trump. En esa lógica, se presenta como alguien capaz de ser incluso más uribista que Álvaro Uribe, pero sin quedar atrapado en el molde tradicional del uribismo, sino adaptado a una derecha global más agresiva, más identitaria y menos institucional.

Ese matiz importa porque el uribismo fue, durante dos décadas, la gran gramática de la derecha en Colombia: seguridad como bandera central, defensa del orden, desconfianza frente a las negociaciones con actores armados y una relación estrecha con sectores empresariales y conservadores. De la Espriella, en cambio, parece querer llevar esa fórmula un paso más allá. Su posicionamiento no se limita a repetir el libreto de la lucha contra la insurgencia o el rechazo a la izquierda; lo que propone es una narrativa de choque cultural y político, muy en sintonía con el estilo de los liderazgos que han convertido la indignación en capital electoral. En términos prácticos, eso significa una oferta política menos dialogante y más polarizadora, construida para entusiasmar a un electorado cansado de la inseguridad, la incertidumbre económica y la sensación de que el Estado perdió control.

La comparación con la derecha que ha gobernado Colombia siempre deja una pista clave: esta no es solo una disputa de nombres, sino de época. La vieja derecha colombiana, con todos sus límites, todavía operaba dentro de los códigos de la institucionalidad, el lenguaje técnico y las alianzas tradicionales de poder. La nueva derecha que encarna De la Espriella —si logra consolidarse— apuesta por otra cosa: un liderazgo de tribuna, una política de redes, una identidad de choque y una lectura del país como campo de batalla entre el orden y el caos. Eso puede seducir a sectores que sienten que las élites no han resuelto nada, pero también puede profundizar la fragmentación de un sistema político ya debilitado por la desconfianza ciudadana.

Por eso su perfil ideológico no es un simple ejercicio de branding electoral. Es una señal de hacia dónde puede moverse el debate público colombiano en los próximos años: más seguridad en el discurso, menos matices, más identidad ideológica y menos puente entre bandos. En un país agotado por la violencia, la polarización y la desinstitucionalización, la pregunta no es solo cuánta fuerza puede tener esa nueva derecha, sino qué costo tendría para la convivencia democrática si ese lenguaje termina imponiéndose como norma.

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