Colombia

Abelardo de la Espriella irrumpe en Colombia con una derecha de choque y tono bukelista

Hace 5 horas
Abelardo de la Espriella irrumpe en Colombia con una derecha de choque y tono bukelista

Imagen: BBC Mundo

Abelardo de la Espriella, un empresario y abogado de perfil combativo, emerge como una de las figuras más radicales de la derecha colombiana. Su apuesta es desmontar el proyecto político de Gustavo Petro con un discurso de orden, castigo y choque frontal.

Abelardo de la Espriella quiere entrar a la presidencia de Colombia con un mensaje que no deja margen para la ambigüedad: romper con el ciclo político que abrió Gustavo Petro y reemplazarlo por una agenda de autoridad, mano dura y confrontación abierta contra la izquierda. Según informó BBC Mundo, el empresario y abogado se mueve en una derecha dura y populista que busca capitalizar el cansancio de una parte del electorado con la inseguridad, la polarización y la sensación de desgaste institucional. Su figura no representa una candidatura tradicional; más bien encarna una apuesta política que mezcla marketing, provocación y promesas de orden.

El ingrediente central de su discurso es la idea de gobernar con “mano de hierro”, una fórmula que toma como referencia a líderes como Nayib Bukele, en El Salvador, y Donald Trump, en Estados Unidos. Esa comparación no es casual: ambos se han convertido en símbolos de un liderazgo que se presenta como respuesta a la frustración ciudadana frente a gobiernos percibidos como débiles o desconectados. En el caso de Colombia, De la Espriella plantea desmantelar el legado de izquierdas de Petro, un objetivo que va más allá de una simple alternancia de poder y apunta a desmontar el rumbo político, social y económico que el actual gobierno ha intentado consolidar. Su discurso busca seducir a votantes que ven en el Estado no una solución, sino un obstáculo; y a otros que creen que el país necesita menos negociación y más castigo.

Pero este ascenso también dice mucho sobre el momento político colombiano. La irrupción de un candidato con estas banderas confirma que el país sigue atrapado en una disputa de extremos, donde el debate público gira menos alrededor de propuestas técnicas y más alrededor de identidades políticas enfrentadas. De la Espriella entiende ese clima y lo explota con habilidad: ofrece una narrativa simple en un país complejo, prometiendo control donde muchos perciben desorden. El problema es que ese tipo de oferta suele funcionar bien en campaña, pero enfrenta pruebas duras cuando toca gobernar una nación marcada por desigualdad, violencia territorial, crisis fiscal y una institucionalidad que no se corrige a punta de eslóganes.

Por eso su eventual protagonismo no debería leerse solo como una anécdota electoral, sino como una señal de hacia dónde se está moviendo una parte del electorado colombiano. Si logra crecer, obligará a los demás aspirantes a definirse frente a una derecha que ya no se presenta únicamente como conservadora, sino como punitiva, personalista y abiertamente anti-Petro. Para la ciudadanía, el dilema será claro: elegir entre la continuidad de un proyecto reformista que ha perdido respaldo o apostar por una respuesta de choque que promete orden inmediato, pero que también puede profundizar la fractura política del país.

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