Kushner quiere convertir una isla de Albania en un lujo privado y estallan las protestas
Imagen: El País
Jared Kushner quiere convertir Sazan, la mayor isla de Albania, en un enclave turístico de lujo. El plan ha desatado protestas masivas en un país donde la costa ya se siente amenazada por el negocio inmobiliario.
Albania está librando una batalla que va mucho más allá de una isla. Jared Kushner, yerno de Donald Trump, quiere levantar en Sazan —la mayor isla del país, frente al mar Adriático— un destino turístico exclusivo, una apuesta que ha encendido protestas masivas de quienes ven en ese proyecto una amenaza directa para el patrimonio natural, el acceso público y la memoria de un lugar marcado por décadas de militarización. Lo que para los promotores es una oportunidad de alto nivel para atraer capital y visitantes de lujo, para buena parte de la sociedad albanesa se parece demasiado a otra entrega del litoral a intereses privados con beneficios poco claros para la población local.
Sazan no es una isla cualquiera. Durante la era comunista funcionó como un punto estratégico y cerrado al exterior, salpicado de búnkeres y estructuras defensivas que hoy siguen siendo parte de su paisaje. Ese pasado pesa en el debate actual, porque el proyecto de Kushner no parte de un terreno virgen sino de un espacio cargado de historia, con valor simbólico y ecológico. Según informó El País, la propuesta busca transformar ese enclave en una experiencia turística de alto poder adquisitivo, lo que ha provocado rechazo entre activistas y manifestantes que cuestionan tanto la escala de la intervención como el modelo de desarrollo que representa. En un país pequeño y con una costa cada vez más disputada, la discusión sobre Sazan no es técnica: es política, social y, sobre todo, territorial.
El caso también expone una tensión conocida en los Balcanes: la promesa de inversión extranjera frente al temor a perder soberanía sobre los bienes más valiosos. Albania lleva años intentando posicionarse como destino turístico en el Mediterráneo, pero ese crecimiento ha venido acompañado de polémicas por la presión urbanística, la especulación y la concentración de proyectos en manos de grandes capitales. Que el nombre de Kushner esté al frente del plan añade una capa adicional de controversia, porque conecta la isla con el universo político y empresarial de la familia Trump, una marca que divide opiniones dentro y fuera de Estados Unidos. La pregunta de fondo es simple y difícil a la vez: ¿quién se beneficia realmente cuando un espacio público, con historia y paisaje propios, se convierte en mercancía de lujo?
Para la gente común, lo que está en juego no es un resort más, sino la forma en que se decide el futuro de la costa albanesa. Si el proyecto avanza, Sazan podría pasar de ser un símbolo del pasado militar del país a una postal privada del turismo de élite. Si se frena, el mensaje será otro: que ni siquiera el capital internacional asociado a la familia Trump puede avanzar sin chocar con una ciudadanía que empieza a impugnar la lógica de vender lo excepcional al mejor postor.

