Cali mantiene el pico y placa con controles estrictos para priorizar el rescate tras el sismo

Imagen: infobae colombia
Cali mantendrá un control estricto del pico y placa entre el 12 y el 15 de agosto, con excepciones para facilitar el paso de equipos de rescate. El alcalde pidió colaboración ciudadana mientras continúan los operativos de búsqueda de sobrevivientes tras el terremoto.
Cali entró en modo de emergencia y la movilidad de la ciudad quedó supeditada a una prioridad mayor: dejar pasar a los equipos de rescate. Entre el 12 y el 15 de agosto, la Secretaría de Movilidad mantendrá vigente el pico y placa, pero con un esquema de control estricto y excepciones puntuales, según informó Infobae Colombia a partir de lo anunciado por la Alcaldía. La decisión busca evitar que el tráfico complique las labores de búsqueda de sobrevivientes luego del terremoto que alteró la rutina de la capital vallecaucana.
El alcalde de Cali fue enfático en pedirle a la ciudadanía que no convierta las vías en un obstáculo adicional para los organismos de socorro. De acuerdo con la información divulgada, el objetivo es facilitar los desplazamientos de rescatistas, equipos técnicos y vehículos de apoyo que están movilizándose hacia las zonas afectadas. Aunque el pico y placa no se levanta por completo, la administración local dejó claro que habrá excepciones para atender la emergencia y que los controles serán más severos de lo habitual, una medida que, en contextos de desastre, suele pesar tanto por su efecto operativo como por el mensaje de disciplina colectiva que intenta imponer.
La decisión tiene una lógica inmediata: en una ciudad golpeada por un sismo, cada minuto cuenta y cualquier congestión puede traducirse en menos capacidad de respuesta. En Cali, donde el tráfico ya es una carga cotidiana para miles de personas, la coordinación entre movilidad, organismos de socorro y autoridades locales será determinante para evitar que la emergencia se agrave. Por eso el anuncio no debe leerse solo como una regulación vehicular, sino como una pieza más del dispositivo de atención: ordenar las calles para salvar vidas. También revela algo más de fondo, y es la fragilidad urbana frente a eventos de esta magnitud. Cuando tiembla, la movilidad deja de ser un asunto de comodidad y pasa a ser una variable crítica de protección civil.
Lo que ocurra entre el 12 y el 15 de agosto servirá además como prueba para medir la respuesta institucional y el nivel de cooperación ciudadana. Si la población acata las restricciones y reserva las vías para quienes están operando en la emergencia, la ciudad ganará tiempo valioso. Si, por el contrario, predominan las excepciones informales y el desorden, el costo recaerá sobre las tareas de búsqueda, la atención de los heridos y el restablecimiento gradual de la normalidad. En una crisis como esta, la movilidad no es un tema secundario: puede marcar la diferencia entre rescatar a tiempo o llegar tarde.
