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Wright viaja a Venezuela en medio de negociaciones que reactivan el caso Chevron

Hace 1 hora

El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, viaja este martes a Venezuela en una gestión que apunta a asegurar un nuevo contrato para Chevron en la faja del Orinoco. El movimiento confirma que, pese a las tensiones políticas, Washington sigue negociando donde hay interés energético.

El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, viaja este martes a Venezuela en una visita que podría cerrar un nuevo contrato para Chevron en la faja del Orinoco, según confirmó un funcionario estadounidense citado por EFE. El desplazamiento no es menor: ocurre en medio de una relación bilateral marcada por sanciones, presiones políticas y un interés energético que sigue pesando más de lo que admiten públicamente ambos gobiernos.

De acuerdo con esa fuente, la gestión de Wright se orienta a destrabar o consolidar el marco operativo de Chevron dentro de la principal región petrolera venezolana, una zona estratégica por el volumen de crudo pesado que concentra. La petrolera estadounidense ya ha operado en Venezuela bajo condiciones complejas y con autorización condicionada por Washington, en un esquema que ha variado según la evolución del diálogo entre la Casa Blanca y el gobierno de Nicolás Maduro. En la práctica, cada flexibilización o restricción ha tenido efectos directos sobre producción, exportaciones y flujo de divisas en Caracas, pero también sobre el abastecimiento y la estrategia energética de Estados Unidos.

La importancia de este viaje va más allá del caso Chevron. Washington mantiene desde hace años una postura ambivalente frente a Venezuela: por un lado, sanciona a altos funcionarios y restringe negocios vinculados al régimen; por el otro, reconoce que el petróleo venezolano sigue siendo un activo útil en un mercado internacional sensible a precios, guerra y tensiones geopolíticas. Para Caracas, cualquier acuerdo con una firma como Chevron significa oxígeno financiero, posibilidad de aumentar producción y una señal de legitimidad en momentos en que su economía sigue atada a la renta petrolera. Para Estados Unidos, en cambio, se trata de una operación pragmática: asegurar barriles y contener la volatilidad energética sin levantar formalmente toda la arquitectura de presión política.

El viaje de Wright también deja en evidencia una constante de la política exterior estadounidense en la región: cuando la energía entra en juego, la retórica ideológica suele ceder espacio al cálculo económico. Eso explica por qué, incluso con el historial de confrontación entre Washington y Caracas, siguen abiertos canales para negociar licencias, contratos o fórmulas temporales que permitan a empresas estadounidenses mantener presencia en el país. En Colombia y el resto de América Latina, este tipo de movimientos se sigue con atención porque cualquier ajuste en la producción venezolana impacta los mercados regionales, los precios internacionales y la correlación de fuerzas en una de las fronteras más sensibles del continente.

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