Fajardo pide bajar la polarización y advierte que Colombia sigue rota tras el preconteo
Imagen: El Tiempo - Política
Sergio Fajardo felicitó a Abelardo de la Espriella tras el preconteo de la segunda vuelta y aprovechó para pedir unión y no violencia. El excandidato advirtió que Colombia sigue profundamente dividida y que el país necesita menos confrontación y más reconciliación.
Sergio Fajardo movió el tablero político con un mensaje que fue más allá de la cortesía electoral: felicitó a Abelardo de la Espriella tras el preconteo de la segunda vuelta de este 21 de junio y, al mismo tiempo, lanzó una advertencia sobre el estado del país. Según su planteamiento, Colombia no solo está atravesando una disputa electoral, sino una fractura más de fondo, que se expresa en la desconfianza entre sectores, el lenguaje agresivo y la incapacidad de construir acuerdos mínimos.
En su intervención, el excandidato presidencial no se limitó a reconocer el resultado preliminar. También llamó a bajar el tono, a evitar cualquier forma de violencia y a poner por delante la reconciliación nacional. Ese giro es relevante porque, en momentos como este, los gestos de los liderazgos pesan tanto como los números del preconteo. Cuando una figura con visibilidad nacional insiste en la unión, lo que está señalando es que la discusión ya no puede seguir reducida a vencedores y vencidos, sino al reto de mantener la convivencia democrática en un país que suele quedar atrapado en la polarización.
La advertencia de Fajardo tiene contexto. Colombia lleva años sumando capas de división: ideológica, territorial, social y generacional. Esa tensión no se queda en el debate de élites; termina filtrándose en la conversación cotidiana, en las redes sociales, en los barrios y en las regiones donde la política se vive con mayor intensidad y, a veces, con más riesgo. Por eso importa que, frente a una jornada electoral tan sensible, alguien con trayectoria nacional recuerde que el país no puede normalizar la hostilidad como forma de hacer política. No es un llamado ingenuo: es una señal de alarma sobre un clima público que puede deteriorarse todavía más si los mensajes de los líderes empujan al enfrentamiento.
El mensaje, además, deja una tarea concreta para el pospreconteo: traducir las diferencias en reglas de juego democráticas y no en una batalla permanente entre adversarios irreconciliables. Si algo revela esta intervención es que el país sigue necesitando liderazgos capaces de reconocer resultados sin alimentar incendios y de poner por delante el cuidado institucional. En una Colombia cansada de la confrontación, la pregunta ya no es solo quién gana una elección, sino si sus dirigentes están dispuestos a gobernar —o a hacer oposición— sin seguir rompiendo el tejido social.

