Siria dice haber capturado a la célula de los atentados que sacudieron Damasco

Imagen: infobae mundo
Siria anunció la captura de la célula acusada de ejecutar los atentados que sacudieron Damasco durante la visita de Emmanuel Macron. Las redadas, simultáneas en cuatro barrios de la capital, reflejan la fragilidad de la seguridad en una ciudad marcada por años de guerra.
Las autoridades sirias detuvieron a la célula que, según su versión, estuvo detrás de las explosiones registradas el 7 de julio en Damasco, un episodio que dejó un muerto y ocurrió en una semana especialmente tensa en el centro de la capital. El operativo tuvo además una carga política evidente: los ataques coincidieron con la visita del presidente francés, Emmanuel Macron, a la región, en un momento en que Siria intenta mostrar control territorial mientras sigue lidiando con focos de violencia y redes clandestinas difíciles de desmantelar.
De acuerdo con lo informado por infobae mundo, las redadas se ejecutaron de forma simultánea en cuatro barrios de la capital, dos de ellos con población alauita, una comunidad que históricamente ha estado vinculada al poder en Siria y que sigue siendo sensible en el tablero interno del país. La ofensiva policial buscó capturar a los responsables de las explosiones ocurridas una semana después de otro atentado en la misma zona, lo que alimenta la percepción de que Damasco sigue siendo un objetivo vulnerable incluso bajo el férreo control del gobierno de Bashar al Assad.
Más allá del golpe policial, el episodio vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: la aparente normalización de la capital siria convive con una amenaza persistente de células armadas, ataques relámpago y ajustes de cuentas en áreas urbanas densamente vigiladas. Que las operaciones se hayan concentrado en barrios alauitas también sugiere que el régimen mide cada movimiento con cautela, consciente de que cualquier acción de seguridad en Siria puede tener lecturas sectarias, políticas o de represalia. Para la población civil, esto significa vivir entre checkpoints, rumores y una seguridad que nunca termina de ser garantía.
El caso importa porque Damasco no es solo la sede del poder sirio: es también el símbolo de la supervivencia del Estado tras años de guerra. Si en el corazón de la capital siguen ocurriendo atentados con capacidad de matar y desestabilizar, el mensaje es claro: el conflicto no ha desaparecido, solo ha mutado. Y mientras el gobierno intenta proyectar control hacia afuera, dentro del país persiste una red de violencia que recuerda que la posguerra siria todavía está lejos de convertirse en una verdadera paz.




