Colombia

Supersalud halla una falla crítica en la Costa Caribe: dispensarios sin planta eléctrica

Hace 2 horas

La Superintendencia de Salud puso la lupa sobre dispensarios de la Costa Caribe y encontró una falla que en salud puede volverse crítica: varios operan sin plantas eléctricas, pese a los apagones constantes. El hallazgo compromete la entrega de medicamentos de alto costo y controlados.

La Superintendencia Nacional de Salud elevó el nivel de vigilancia en la Costa Caribe y dejó en evidencia una fragilidad que no debería existir en la cadena de atención: varios establecimientos encargados de almacenar y dispensar medicamentos de alto costo y fármacos controlados están funcionando sin plantas eléctricas, en una región donde los apagones siguen siendo parte de la rutina. El hallazgo, revelado en operativos de inspección citados por El Tiempo (Colombia), no es un detalle administrativo; en salud, un corte de energía puede significar retrasos en entregas, deterioro de inventarios sensibles y, en el peor de los casos, la interrupción de tratamientos que no admiten pausas.

De acuerdo con la información conocida, la Supersalud detectó además fallas en la atención a los usuarios, lo que amplía la alerta más allá del tema energético. En la práctica, esto significa que la vulnerabilidad no solo está en la infraestructura física, sino también en la capacidad de respuesta de los dispensarios frente a pacientes que dependen de medicamentos continuos, muchas veces costosos y de difícil reemplazo. Cuando un centro no tiene respaldo eléctrico, el riesgo no se limita a un apagón: se compromete la conservación de medicamentos, el funcionamiento de sistemas de registro, la operación de equipos básicos y la posibilidad de atender a personas que llegan con urgencias administrativas o clínicas. En una región castigada por fallas recurrentes en el servicio de energía, esa ausencia de contingencia es una falla de planeación que termina recayendo sobre los pacientes.

El problema tiene una dimensión más amplia de la que aparenta. La Costa Caribe vive desde hace años una tensión permanente entre la precariedad del servicio eléctrico y la necesidad de garantizar continuidad en sectores esenciales. En salud, esa combinación es especialmente delicada porque los medicamentos de alto costo suelen estar vinculados a tratamientos para enfermedades crónicas, oncológicas o de alta complejidad, mientras que los fármacos controlados exigen trazabilidad y custodia estricta. Si un dispensario no cuenta con planta, no solo se expone a sanciones o advertencias regulatorias; también pone en duda su capacidad para cumplir con estándares mínimos de seguridad. Y cuando la autoridad sanitaria encuentra este tipo de vacíos, el mensaje es claro: en la región no basta con tener dispensarios abiertos, hay que demostrar que pueden operar sin poner en riesgo a los usuarios cuando falla la luz.

Lo que deja este operativo es una radiografía incómoda del sistema: la falla de un servicio público termina golpeando a otro servicio igualmente esencial. Para miles de familias del Caribe, el problema no es abstracto. Se traduce en filas, demoras, traslados innecesarios y angustia por medicamentos que no pueden esperar. La intervención de la Supersalud abre una presión adicional sobre operadores, IPS y administradores para corregir de inmediato la infraestructura y los protocolos. Pero también pone sobre la mesa una pregunta más de fondo: ¿cuánto de la crisis de acceso a medicamentos en Colombia sigue dependiendo de condiciones tan básicas como tener energía eléctrica estable para poder cumplir con una entrega a tiempo?

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