Colombia llega al balotaje entre encuestas favorables a la derecha y temor a protestas

Imagen: clarin colombia
El balotaje de este domingo en Colombia se juega bajo una fuerte tensión política: Abelardo De la Espriella aparece al frente de las encuestas y ya hay temor a movilizaciones si el resultado no favorece al petrismo. Gustavo Petro, además, volvió a sembrar dudas sobre la primera vuelta.
Colombia llega al balotaje de este domingo con el clima político al rojo vivo y una sensación creciente de fragilidad institucional. Según informó clarin colombia, el libertario Abelardo De la Espriella encabeza las encuestas, mientras en el otro extremo del tablero el presidente Gustavo Petro ya puso en tela de juicio el resultado de la primera vuelta y dejó instalada la idea de que podría haber una reacción callejera si su candidato, Iván Cepeda, termina perdiendo. El mensaje de fondo es claro: la elección no solo definirá quién gobierna, también pondrá a prueba la capacidad del sistema político para aceptar el resultado sin que la disputa se traslade a las calles.
Las advertencias no nacen en el vacío. En las últimas horas se multiplicaron las acusaciones cruzadas entre el oficialismo y la oposición, con ambos bandos buscando blindar su narrativa antes de la votación decisiva. De un lado, el entorno de Petro insiste en que cualquier irregularidad debe ser vigilada con lupa y no descarta cuestionar la legitimidad de un desenlace adverso. Del otro, sectores de derecha denuncian que el presidente está anticipando un discurso de desconocimiento para presionar el ambiente político si gana un candidato no alineado con su proyecto. En ese escenario, la campaña dejó de ser una discusión de programas y pasó a convertirse en una disputa por el control de la calle, de la percepción pública y de la autoridad moral para reconocer al ganador.
El trasfondo de esta tensión es la profunda polarización que atraviesa a Colombia desde hace años, pero que se intensificó con la llegada de Petro al poder. El actual mandatario sigue siendo un actor central de la contienda aun cuando no compita directamente, porque su capacidad de movilización, su peso simbólico y su confrontación permanente con sus adversarios condicionan la lectura del balotaje. Si el resultado favorece a la derecha, la incógnita no será solo cómo gobernará el vencedor, sino si el país podrá evitar una fase de protesta sostenida, impugnaciones políticas y desconfianza sobre las instituciones electorales. En una democracia tan tensionada, cada duda sembrada antes de la votación cuesta después mucho más que un voto.
Para la ciudadanía, especialmente para quienes ya cargan con inflación, empleo precario e inseguridad, el riesgo es que la disputa entre élites termine desviando la atención de los problemas urgentes. Si el domingo deja un resultado estrecho, el verdadero desafío será político y no únicamente electoral: contener la calle, defender la legitimidad del escrutinio y evitar que la derrota de uno de los bloques se convierta en excusa para prolongar la crisis. En otras palabras, Colombia no solo elige presidente; también decide si todavía puede procesar sus diferencias dentro de las urnas y no fuera de ellas.



