Ucrania golpea un almacén de Wildberries en San Petersburgo y sube la presión sobre Rusia

Imagen: infobae mundo
Un ataque con drones atribuido a Ucrania golpeó instalaciones logísticas de Wildberries en las afueras de San Petersburgo, en el tercer golpe contra la empresa en una semana. Kiev sostiene que esos depósitos servían para abastecer componentes prohibidos vinculados a equipos de navegación.
Ucrania intensificó en la madrugada su ofensiva contra la infraestructura logística rusa con un ataque de drones que alcanzó un almacén de Wildberries, la gigantesca plataforma de comercio electrónico conocida como el “Amazon de Rusia”, en las afueras de San Petersburgo. Según informó infobae mundo, se trata del tercer golpe contra esa empresa en apenas una semana, una señal de que Kiev está apuntando no solo a objetivos militares, sino también a nodos civiles con potencial valor estratégico para la maquinaria de guerra rusa.
De acuerdo con la versión divulgada por el gobierno ucraniano, esos depósitos eran utilizados para suministrar componentes prohibidos destinados a la producción de equipos de navegación. El presidente Volodímir Zelensky defendió la ofensiva en ese marco, una justificación que encaja con la táctica que Ucrania viene empleando desde hace meses: atacar la retaguardia rusa, elevar el costo de la guerra y mostrar que incluso las grandes ciudades del noroeste ruso, lejos del frente, siguen expuestas. Aunque no hay una verificación independiente inmediata sobre el alcance real de los daños o sobre el uso exacto de esas instalaciones, el mensaje político es inequívoco: Kiev quiere convertir la logística rusa en un blanco permanente.
Wildberries no es una empresa menor. En Rusia se ha consolidado como una pieza central de la economía de consumo y de la distribución de mercancías en un país de enormes distancias y rutas complejas. Golpear su infraestructura no solo afecta el flujo comercial, sino que también pone presión sobre el aparato interno ruso, que depende de cadenas de suministro cada vez más vulnerables por las sanciones occidentales y por la guerra prolongada. En ese contexto, cada ataque sobre almacenes, depósitos o centros de transporte tiene una lectura doble: por un lado, el efecto material; por el otro, el psicológico, porque traslada la sensación de inseguridad a zonas que Moscú intenta presentar como protegidas y bajo control.
Lo que ocurre en San Petersburgo confirma además una tendencia más amplia de esta guerra: la frontera entre objetivos militares y económicos se ha vuelto difusa. Para Ucrania, degradar la capacidad logística rusa puede ser tan importante como destruir blindados en el campo de batalla. Para Rusia, en cambio, estos ataques son una demostración de que la guerra ya no se libra solo en el este o el sur ocupados, sino también en el corazón industrial y comercial del país. Y para la población civil rusa, el costo empieza a sentirse en la vida cotidiana: más riesgo, más interrupciones y una economía que, pese a la propaganda oficial, sigue mostrando fisuras cada vez más visibles.




