Política

Tensión en la UPC por proselitismo: directivas piden debate y no choque político

Hace 1 hora

Una confrontación entre estudiantes en la Universidad Popular del Cesar volvió a poner bajo la lupa el proselitismo en campus públicos. La rectoría sostiene que ambas campañas presidenciales ingresaron al plantel y que el debate debe darse en foros académicos.

La tensión política volvió a irrumpir en la Universidad Popular del Cesar (UPC), en Valledupar, luego de una confrontación entre estudiantes en medio de actividades de proselitismo. El episodio, lejos de parecer un hecho aislado, expone una discusión de fondo que atraviesa a buena parte de las universidades públicas del país: hasta dónde llega la libertad de expresión en un campus y en qué momento la militancia electoral deja de ser debate para convertirse en presión, ruido y fractura dentro de la comunidad estudiantil.

El vicerrector administrativo de la UPC, Henrry Smith, confirmó que el ingreso al claustro se dio por parte de ambas campañas presidenciales, lo que ratifica que la universidad no fue escenario de una sola expresión política, sino de varias en disputa. Según la posición de las directivas, el problema no está en que exista interés de los estudiantes por la coyuntura electoral, sino en la forma en que ese interés termina encarnándose en choques entre grupos. Por eso, la insistencia institucional ha sido clara: la discusión política debe pasar por foros académicos, espacios ordenados y abiertos, y no por confrontaciones que terminan contaminando el ambiente universitario.

Este episodio importa más allá de Valledupar porque revela una tensión recurrente en Colombia: las universidades públicas son, por naturaleza, lugares de pensamiento crítico y participación, pero también son espacios donde la polarización nacional se filtra con facilidad. Cuando la política entra al aula o al campus sin reglas claras, el riesgo no es solo la pelea entre estudiantes; también lo es la pérdida del carácter académico del debate, la instrumentalización de jóvenes en campañas y el deterioro de la convivencia. En un país donde la contienda presidencial suele dividir barrios, familias y redes sociales, los campus no quedan al margen. Lo que sucede en la UPC refleja, en pequeña escala, la disputa por el control simbólico de los espacios de formación pública.

La salida que propone la dirección universitaria apunta a recuperar el debate con reglas: confrontar ideas, no personas; propuestas, no consignas; argumentos, no provocaciones. Esa es una diferencia clave que muchas instituciones en Colombia todavía no logran administrar bien. Si la universidad logra transformar este episodio en una discusión sobre participación, autonomía y pedagogía política, podría convertir una crisis en oportunidad. Si no, quedará la imagen de una universidad atrapada entre la efervescencia electoral y la incapacidad de ordenar su propio espacio de deliberación.

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