Explosivo alcanza carro con una niña de 3 años en disturbios cerca de la Univalle
Imagen: El Tiempo (Colombia)
La violencia volvió a golpear los alrededores de la Universidad del Valle en Cali: un carro con una niña de 3 años y una mujer fue alcanzado por un explosivo durante los disturbios, según El Tiempo (Colombia). La Policía Metropolitana intentaba recuperar el control del sector mientras crecía la alarma por el riesgo para civiles.
Los disturbios en inmediaciones de la Universidad del Valle volvieron a dejar una escena difícil de justificar: un vehículo en el que iban una niña de 3 años y una mujer resultó impactado por un explosivo en medio de los enfrentamientos, según informó El Tiempo (Colombia). El hecho ocurrió cuando uniformados de la Policía Metropolitana de Cali buscaban retomar el control de esta zona de la capital vallecaucana, escenario recurrente de alteraciones del orden público que ya no solo afectan la movilidad y la actividad académica, sino también la seguridad de quienes terminan atrapados en medio del caos.
De acuerdo con la información conocida, la intervención policial se concentraba en despejar el sector ante nuevos disturbios, en un contexto marcado por tensiones persistentes alrededor del campus. La presencia de una menor de edad dentro del carro golpeado por el artefacto eleva la gravedad del episodio y deja en evidencia un patrón que se repite con demasiada frecuencia en este tipo de confrontaciones: la frontera entre protesta, vandalismo y violencia termina desdibujándose, y quienes más pagan el costo son los ciudadanos que simplemente transitan por la zona o viven cerca de ella. Aunque los detalles sobre las lesiones y el estado exacto de las ocupantes no fueron ampliados en la información base, el solo hecho de que un explosivo alcanzara un automóvil con una niña a bordo basta para dimensionar la vulnerabilidad civil que se instala cuando el control territorial se disputa a punta de fuego y explosiones.
Este episodio no puede leerse como un hecho aislado. La Universidad del Valle ha estado en varios momentos en el centro de tensiones sociales, estudiantiles y de orden público en Cali, una ciudad que conoce bien el costo de las protestas violentas y de la respuesta estatal tardía o desbordada. Cuando la autoridad entra a recuperar un sector, la pregunta no es solo quién domina la calle durante unas horas, sino qué tan lejos están dispuestos a llegar los actores que convierten el espacio público en campo de batalla. Y ahí está el problema de fondo: cada explosivo, cada cierre vial y cada noche de disturbios erosionan la confianza de los ciudadanos, afectan a estudiantes, comerciantes y vecinos, y refuerzan la idea de que en ciertos puntos de la ciudad la normalidad depende más de la contención policial que de una solución política real.
Por eso, lo ocurrido cerca de Univalle vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda pero necesaria: el Estado no solo debe responder con fuerza, también tiene que evitar que la población civil siga quedando expuesta entre la protesta y la violencia. En Cali, donde la memoria de los bloqueos y los choques con la fuerza pública sigue fresca, la ciudadanía no necesita otro parte de guerra; necesita garantías para circular, estudiar y vivir sin que un carro con una niña de 3 años termine convertido en la evidencia más cruda de que el orden público se desbordó otra vez.



