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Zelensky pone paños fríos al plan de producir Patriots en Ucrania

Hace 1 hora

Zelensky enfrió el anuncio de Donald Trump sobre una futura fabricación ucraniana de interceptores Patriot: todavía faltan acuerdos técnicos y la producción no sería inmediata. Mientras tanto, Kiev recibirá nuevos misiles en los próximos días, en medio de una presión aérea rusa que no da tregua.

Volodimir Zelensky bajó este jueves la expectativa que Donald Trump había elevado un día antes en la cumbre de la OTAN en Ankara: Ucrania aún no tiene cerrada la ruta para fabricar sus propios interceptores Patriot. El presidente ucraniano confirmó que hay una base política para avanzar, pero subrayó que los equipos técnicos de ambos países todavía deben definir varios puntos del acuerdo. En paralelo, anunció que Kiev recibirá en los próximos días un nuevo paquete de misiles Patriot y otros compromisos militares pactados con socios europeos, una señal de alivio puntual en una guerra aérea que sigue castigando a la población civil.

La precisión de Zelensky importa porque corrige el tono triunfalista que había marcado Trump, quien aseguró que Estados Unidos le daría a Ucrania el derecho de producir Patriots y que incluso le mostraría cómo hacerlo. El problema es que, según el propio mandatario estadounidense, la industria no había sido notificada formalmente en ese momento. Raytheon y Lockheed Martin, piezas centrales de este sistema antiaéreo, tampoco habían recibido una confirmación operativa, y su matriz RTX evitó pronunciarse. En otras palabras: el anuncio político existe, pero la cadena industrial y legal que lo convierte en capacidad real sigue lejos de estar lista.

Ese matiz es clave porque la producción de interceptores Patriot no se activa de la noche a la mañana. De acuerdo con el Foreign Policy Research Institute, fabricar un PAC-3 MSE puede tomar alrededor de 24 meses, y solo el motor cohete requiere hasta 30 meses. A eso se suma un laberinto de aprobaciones en el Congreso, el Departamento de Estado y el Pentágono, además de la necesidad de transferir tecnología sensible a un país en guerra. Por eso, distintos expertos calculan que, en el mejor escenario, Ucrania tardaría entre dos y cinco años en iniciar una producción propia. Y ese horizonte choca brutalmente con la urgencia del presente: en la noche del 5 al 6 de julio, las defensas ucranianas no lograron interceptar ni un solo misil balístico ruso, mientras solo en lo que va del mes los ataques dejaron más de 50 muertos en Kiev.

La discusión, entonces, no es solo militar sino estratégica. Rusia sostiene un ritmo de producción de unos 120 misiles balísticos al mes, según cálculos ucranianos, y ha ajustado su ofensiva para aprovechar huecos en la defensa antiaérea. Los sistemas alternativos que aportan aliados occidentales, como el SAMP/T europeo o el NASAMS estadounidense, no están diseñados para neutralizar proyectiles balísticos de largo alcance con la misma eficacia. A eso se suma una escasez global que ya venía apretando a los aliados: la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán consumió cerca de un tercio de las reservas mundiales de Patriot, mientras Lockheed Martin entregó apenas 620 misiles PAC-3 MSE en 2025, menos de dos al día para cubrir a toda su red de socios. El contrato firmado por el Pentágono en enero de 2026 para elevar la producción a 2.000 unidades anuales hacia 2030 da una idea del problema, pero no resuelve la urgencia inmediata. Para Ucrania, el anuncio de Ankara es importante; para su defensa aérea, todavía no es suficiente.

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