Cabal rompe con el Centro Democrático y destapa fisuras en el uribismo
Imagen: El Tiempo - Política
María Fernanda Cabal confirmó su salida del Centro Democrático y dejó ver un quiebre político más profundo: dice que se va con gratitud, pero también con la sensación de no haber sido priorizada por el uribismo. Su decisión abre una nueva etapa en su carrera y reacomoda la derecha colombiana.
María Fernanda Cabal oficializó su salida del Centro Democrático con un mensaje que mezcla gratitud, distancia y evidente molestia. La senadora, una de las figuras más visibles y radicales de la derecha colombiana, aseguró que abandona la colectividad sin desconocer lo que representó en su trayectoria, pero dejó claro que no se sintió plenamente respaldada por el partido que ayudó a consolidar su carrera política. Su renuncia no es un simple trámite interno: es una señal de las tensiones acumuladas dentro del uribismo y de la disputa por el liderazgo en ese sector.
Según informó El Tiempo - Política, Cabal explicó que su decisión se da en medio de una sensación de marginación dentro de la estructura del partido, al punto de afirmar que nunca ocupó un lugar central en las prioridades de Álvaro Uribe Vélez. En su relato político, la senadora también marcó distancia frente a la preferencia del expresidente por Paloma Valencia, una alfil de peso dentro del uribismo y, para muchos, una competidora directa por la proyección presidencial en la derecha. Ese detalle no es menor: revela que la ruptura no nace solo de una diferencia administrativa, sino de una pelea de fondo por influencia, reconocimiento y futuro.
El movimiento de Cabal importa porque reconfigura el mapa de la oposición de derecha en Colombia en un momento en que ese bloque busca recomponerse tras varios ciclos electorales marcados por fracturas, rivalidades internas y dificultades para consolidar un liderazgo único. El Centro Democrático, que durante años fue el vehículo político de Uribe, ya no luce como una maquinaria cohesionada sino como un espacio en disputa entre figuras que comparten ideario, pero no necesariamente proyecto. La salida de Cabal puede leerse como una liberación personal, pero también como un síntoma de desgaste en un partido que ha dependido demasiado de la figura del expresidente y poco de una renovación capaz de contener a sus liderazgos más fuertes.
De cara al futuro, el paso de Cabal abre preguntas incómodas para el uribismo y para la oposición en general: ¿se está partiendo la derecha en más de un bloque?, ¿buscará la senadora construir una plataforma propia fuera del Centro Democrático?, ¿o su salida terminará fortaleciendo otras apuestas electorales dentro del mismo espectro conservador? En cualquier caso, el episodio confirma que en la política colombiana las lealtades ideológicas ya no bastan cuando la ambición por el poder entra en juego. Y también recuerda algo básico: los partidos que no administran bien sus liderazgos terminan regalando espacio a quienes dicen irse, pero en realidad están preparando el siguiente salto.


