Atlántico exige revisar exclusión del Cortissoz del Conpes y acelerar su modernización
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El aeropuerto Ernesto Cortissoz, pieza clave para el Caribe, quedó por fuera del Conpes 4205 pese a las alertas sobre su deterioro. La exclusión encendió las alarmas en Atlántico, donde piden al Gobierno corregir la decisión y acelerar su modernización.
La exclusión del aeropuerto Ernesto Cortissoz del Conpes 4205 encendió una nueva disputa entre Atlántico y el Gobierno nacional por el futuro de una de las terminales más sensibles del Caribe. La advertencia no es menor: mientras Asocapitales denunció que Barranquilla quedó por fuera del plan nacional aeroportuario, el gobernador Eduardo Verano pidió revisar de inmediato una decisión que, a su juicio, deja en desventaja a toda la región en un momento en que la infraestructura aérea ya opera bajo señales de deterioro y presión creciente.
El punto de fondo es que el Cortissoz no es un aeropuerto más dentro del mapa colombiano. Es la puerta de entrada de Barranquilla y un nodo estratégico para la conectividad del Caribe, una zona que depende del transporte aéreo para mover turismo, negocios, carga y movilidad de pasajeros. Según informó El Tiempo (Colombia), la exclusión del terminal del Conpes 4205 sorprendió a autoridades locales y gremios, que esperaban verlo incluido en la hoja de ruta nacional por tratarse de una infraestructura catalogada en riesgo crítico y con necesidad urgente de modernización. En paralelo, Asocapitales señaló que la capital del Atlántico fue marginada del esquema de priorización, lo que reaviva la discusión sobre cómo el Gobierno está ordenando las inversiones en transporte y qué regiones están quedando por fuera.
Esta decisión importa porque el país no puede darse el lujo de tratar sus aeropuertos regionales como si fueran proyectos secundarios. En Colombia, la conectividad aérea entre las grandes ciudades y las zonas costeras sigue siendo determinante para la competitividad, y cualquier retraso en la modernización del Cortissoz tiene efectos concretos: menos eficiencia operativa, mayor presión sobre usuarios y empresas, y una señal preocupante para inversionistas y turistas. Para el Atlántico, además, el problema tiene una lectura política clara: si el Caribe vuelve a quedar rezagado en la lista de prioridades nacionales, el debate sobre centralización de recursos y desigualdad territorial volverá a tomar fuerza. Verano no solo está pidiendo una corrección técnica, sino también una señal de reconocimiento a una región que reclama desde hace años una infraestructura acorde con su peso económico.
Lo que viene dependerá de si el Gobierno escucha la presión local o mantiene la exclusión como una decisión cerrada. Pero el mensaje de fondo ya está sobre la mesa: un aeropuerto en riesgo crítico no puede esperar indefinidamente a que se ordenen las prioridades del Estado. En una región donde la movilidad aérea es parte de la vida económica cotidiana, cada aplazamiento termina costando más de lo que ahorra.


