Colombia

Capturan en Quito a dos colombianos buscados por EE. UU. por nexos con narcored

Hace 2 horas

Dos colombianos requeridos por Estados Unidos fueron capturados en Quito en una operación que apunta a una red de narcotráfico con tentáculos en Ecuador y Colombia. Las autoridades los vinculan además con intentos de infiltrar procesos de desmovilización de las Farc mediante sobornos.

Dos ciudadanos colombianos, identificados como alias Familia y “Promesa”, fueron capturados en Quito en medio de una operación que vuelve a poner bajo la lupa la conexión entre el narcotráfico colombiano y las redes criminales que han ganado fuerza en Ecuador. Según informó infobae colombia, ambos son requeridos por Estados Unidos y estarían relacionados con una estructura asociada al llamado “Pablo Escobar ecuatoriano”, una etiqueta que ya de por sí revela el tamaño y la gravedad de la red investigada.

El ministro del Interior ecuatoriano, John Reimberg, señaló que los detenidos habrían intentado infiltrarse en procesos de desmovilización de las Farc mediante el pago de millonarias sumas de dinero para obtener beneficios ilegales. Esa revelación no es menor: muestra que el crimen organizado no solo busca mover cocaína o lavar dinero, sino también penetrar escenarios políticos y judiciales que, en teoría, deberían servir para cerrar ciclos de violencia. En otras palabras, la captura no apunta únicamente a dos fugitivos, sino a una forma de operar que mezcla corrupción, narcotráfico y aprovechamiento de vacíos institucionales.

El caso encaja en una tendencia que preocupa a ambos lados de la frontera. Ecuador pasó de ser un país de tránsito a convertirse en un territorio disputado por mafias transnacionales que usan sus puertos, rutas terrestres y debilidades institucionales para mover droga hacia Estados Unidos y Europa. Para Colombia, el asunto también tiene lectura propia: cuando los procesos de desmovilización o reintegración son infiltrados por dineros ilícitos, la paz se convierte en un negocio para quienes viven de perpetuar la guerra. Por eso este operativo no se limita a una detención más; expone cómo las estructuras criminales buscan adaptarse, reciclarse y sobrevivir incluso cuando cambian los gobiernos o los nombres de sus capos.

La captura de alias Familia y “Promesa” deja ahora varias preguntas abiertas: cuál era exactamente su papel dentro de la red, qué tan lejos llegaba su conexión con el entramado investigado por Washington y hasta dónde alcanzó su intento de manipular beneficios ilegales en procesos de desmovilización. Lo cierto es que, en la práctica, este tipo de golpes solo tienen valor si se traducen en investigaciones sostenidas y cooperación judicial real entre Ecuador, Colombia y Estados Unidos. De lo contrario, las capturas terminan siendo apenas una pausa breve en una maquinaria criminal que lleva años aprendiendo a moverse entre fronteras, instituciones débiles y agendas políticas fragmentadas.

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