El boom de la IA dispara la vivienda en San Francisco y agrava su crisis de acceso

Imagen: BBC Mundo
San Francisco volvió a marcar un récord en el precio medio de la vivienda, impulsado en parte por el auge salarial del sector de la inteligencia artificial. La nueva riqueza tecnológica está tensando aún más un mercado inmobiliario ya inaccesible para buena parte de la población.
San Francisco alcanzó un nuevo máximo histórico en el precio medio de la vivienda, y detrás de ese salto hay un factor cada vez más visible: el dinero que fluye desde el boom de la inteligencia artificial. En una ciudad donde la vivienda ya era prohibitiva para amplios sectores de la población, la llegada de salarios extraordinarios en empresas tecnológicas está empujando todavía más hacia arriba el costo de comprar y alquilar.
Según las últimas cifras, el valor medio de una casa en la ciudad superó cualquier registro previo, en un contexto en el que el ecosistema de IA ha concentrado capital, empleos mejor pagados y una demanda adicional sobre un mercado que desde hace años opera al límite. El efecto no es menor: cuando un segmento con ingresos muy por encima del promedio entra con fuerza al mercado, no solo compra más caro, sino que redefine el punto de referencia de los precios en barrios enteros. Eso termina afectando tanto a quienes buscan su primera vivienda como a familias de ingresos medios que ya no compiten en las mismas condiciones.
El caso de San Francisco vuelve a mostrar una de las contradicciones más duras de la economía tecnológica estadounidense. La ciudad sigue siendo un laboratorio de innovación global, pero esa prosperidad no se distribuye de forma pareja. Mientras ingenieros, investigadores y perfiles especializados en IA reciben compensaciones que les permiten pujar por propiedades cada vez más costosas, trabajadores de sectores esenciales quedan expulsados hacia zonas periféricas o directamente fuera de la ciudad. El resultado es una urbe donde el dinamismo económico convive con una crisis de asequibilidad que se profundiza año tras año. Y esa brecha importa porque no solo redefine quién puede vivir en San Francisco, sino también qué tipo de ciudad puede sostenerse allí en el futuro.
Lo que está ocurriendo en San Francisco es más que una anécdota inmobiliaria: es una señal del poder que la inteligencia artificial está adquiriendo sobre la economía urbana. Si el auge del sector continúa, la presión sobre la vivienda podría intensificarse aún más, alimentando una exclusión residencial que ya golpea la vida cotidiana de maestros, personal sanitario, empleados de servicios y jóvenes profesionales que no participan del círculo dorado de la tecnología. En esa tensión se juega una parte clave del futuro de la ciudad.




