Colombia

Ataque con fusil en El Zulia deja dos policías heridos y reaviva la alerta en Norte de Santander

Hace 2 horas

El coronel Jorge Andrés Bernal Granada sobrevivió a un ataque con ráfagas de fusil en la vía de El Zulia, Norte de Santander, donde dos policías resultaron heridos. El comandante de la Policía entregó detalles del atentado y del estado de los uniformados.

El atentado contra el coronel Jorge Andrés Bernal Granada en la carretera de El Zulia, Norte de Santander, no solo dejó dos policías heridos: volvió a mostrar la fragilidad de la seguridad en una de las zonas más golpeadas por la violencia armada en Colombia. El oficial logró sobrevivir al ataque con ráfagas de fusil y relató que el hecho ocurrió tras una fuerte detonación que alteró de inmediato la comitiva en desplazamiento por ese corredor vial, una ruta donde la presencia de grupos armados ilegales sigue representando un riesgo permanente para la Fuerza Pública y para la población civil.

Según informó El Tiempo (Colombia), el comandante de la Policía también entregó detalles sobre el estado de salud de los dos uniformados que resultaron lesionados en medio del ataque. Aunque el episodio ocurrió en cuestión de segundos, la reacción de los ocupantes del vehículo y la respuesta de los equipos de seguridad evitaron una tragedia mayor. La versión oficial apunta a que el ataque fue ejecutado con arma larga, lo que confirma el nivel de capacidad de fuego que todavía conservan las estructuras criminales en esta zona del nororiente colombiano. En regiones como Norte de Santander, cada agresión de este tipo no es un hecho aislado: suele ser un mensaje de control territorial, intimidación y desafío directo al Estado.

Lo ocurrido en El Zulia encaja en una preocupación más amplia sobre el deterioro del orden público en corredores estratégicos del país, especialmente en áreas cercanas a la frontera con Venezuela, donde confluyen economías ilícitas, disputas entre grupos armados y una geografía que favorece el repliegue de quienes atacan y desaparecen en minutos. Para los habitantes de la zona, estos hechos tienen un impacto inmediato y concreto: aumentan la sensación de indefensión, dificultan la movilidad y encarecen la vida cotidiana, porque vivir, trabajar o transitar por estas carreteras implica asumir un riesgo que no debería existir. Para el Gobierno, en cambio, el episodio vuelve a poner presión sobre la capacidad real de controlar territorios donde la presencia institucional sigue siendo intermitente.

El atentado también deja una pregunta incómoda sobre la estrategia de seguridad en Norte de Santander: si un coronel y su esquema de protección pueden ser blanco de ráfagas de fusil en plena vía, ¿qué pueden esperar los ciudadanos que se desplazan sin escolta ni blindaje? Más allá de la investigación sobre los autores materiales, el hecho confirma que la guerra territorial sigue viva y que, mientras no haya control sostenido del Estado, las carreteras continuarán siendo escenarios de emboscadas, miedo y poder armado en disputa.

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