Política

Sin guiño del Gobierno, partidos aceleran la puja por la Contraloría

Hace 18 horas

A 24 horas de la votación en el Congreso pleno, la elección del próximo contralor entró en una fase de definición política. Sin una señal clara del gobierno de De La Espriella, los partidos aceleran sus movimientos para ubicar a uno de los suyos en el cargo.

La elección del próximo contralor general llegó a su tramo decisivo y, a 24 horas de la votación del Congreso en pleno, el pulso real ya no está en el debate técnico sobre el control fiscal sino en la capacidad de los partidos para cerrar filas detrás de un nombre propio. La ausencia de un guiño directo del gobierno de De La Espriella ha dejado el tablero más abierto de lo previsto y, precisamente por eso, más movedizo: las colectividades entienden que esta es una de esas designaciones en las que perder influencia hoy puede traducirse en menos poder político mañana.

Según informó El Tiempo - Política, la falta de una orientación clara desde el Ejecutivo activó una carrera silenciosa entre bloques legislativos para asegurar una ficha en la Contraloría. En el Congreso, donde los respaldos suelen medirse más por cuotas que por discursos, varios sectores han empezado a revisar alianzas, a cruzar cuentas y a leer señales para identificar qué candidatura puede consolidar una mayoría estable. A esta altura, lo que pesa no es solo el perfil del aspirante, sino su viabilidad para sumar votos en una corporación fragmentada y acostumbrada a resolver estas disputas en el borde de la negociación política.

Lo que está en juego va mucho más allá de un nombramiento de alto nivel. La Contraloría es uno de los órganos más sensibles del Estado porque vigila el uso de los recursos públicos y puede convertirse en un actor determinante en medio de escándalos de corrupción, sobrecostos y contratos cuestionados. Por eso cada elección de su cabeza visible termina siendo leída como un termómetro de poder: quién gana capacidad de incidencia, qué partidos quedan fortalecidos y qué alianzas se están consolidando hacia el resto del periodo legislativo. En la práctica, para la ciudadanía esto importa porque el resultado define quién tendrá la llave para auditar el gasto público en un país donde la desconfianza sobre el manejo de los recursos sigue siendo alta.

Si algo revela esta votación es que el Congreso sigue operando como una maquinaria de equilibrio entre cuotas partidistas, más que como un escenario puramente meritocrático. Y aunque en público predominen los llamados a la independencia institucional, en privado la discusión sigue siendo la misma de siempre: quién controla al controlador. En esa tensión se resolverá no solo el nombre del nuevo contralor, sino también una parte del mapa político que empezará a dibujarse para los próximos meses.

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