EE.UU. entra en la fase más frágil del plan para retirar a Israel del sur de Líbano
Imagen: infobae mundo
Estados Unidos enviará una delegación militar a Beirut para poner en marcha la primera retirada israelí del sur de Líbano. El plan abre una fase delicada: Israel no ha fijado calendario y Beirut teme quedar atrapado entre la presión sobre Hezbollah y un vacío de seguridad.
Estados Unidos activará en los próximos días una delegación militar en Beirut para supervisar en terreno la puesta en marcha de las primeras “zonas piloto” del sur de Líbano, el paso más concreto hasta ahora del acuerdo marco firmado el 26 de junio en Washington entre Líbano e Israel. La maniobra convierte al Comando Central estadounidense en el actor que intentará ordenar una transición extremadamente frágil: la retirada parcial de tropas israelíes, el despliegue del ejército libanés y el problema de fondo que sigue sin resolverse, el desarme de Hezbollah. En otras palabras, Washington no solo mediará; también intentará arbitrar una salida militar y política que aún carece de cronograma claro.
El embajador estadounidense en Beirut, Michel Issa, trasladó ese mensaje al presidente Joseph Aoun y luego lo repitió en encuentros con el primer ministro Nawaf Salam y con el presidente del Parlamento, Nabih Berri, según la información conocida hasta ahora. La señal que llevó a las tres principales figuras institucionales del país fue la misma: Estados Unidos considera que la implementación ya comenzó y que la primera zona piloto se activará en cuestión de días. Un funcionario estadounidense citado bajo anonimato insistió en que el objetivo es evitar cualquier vacío de seguridad justo cuando las fuerzas israelíes abandonen posiciones del sur libanés. El problema, sin embargo, es que el pacto no establece fechas precisas para ese repliegue y, desde Jerusalén, el ministro de Defensa Israel Katz volvió a dejar claro que sus tropas no se irán mientras Hezbollah siga armado.
La disputa por el calendario es hoy el principal obstáculo de la nueva etapa. Beirut ha condicionado su participación en la próxima ronda de conversaciones, prevista para el 15 y 16 de julio en Roma, a que Israel abandone antes las dos primeras zonas piloto, de acuerdo con una fuente diplomática libanesa citada por AFP. Washington, en cambio, parece decidido a mantener la mesa de negociación aunque el repliegue no se materialice a tiempo, con reuniones técnicas y cerradas al público. El trasfondo es más amplio que una operación militar limitada: Líbano busca recuperar soberanía efectiva sobre el sur, Israel exige garantías de seguridad y Hezbollah sigue siendo el actor armado que define el margen real de maniobra del Estado libanés. Por eso este acuerdo, pese a presentarse como un avance, puede terminar midiendo algo mucho más profundo: si Beirut tiene capacidad para imponer control territorial sin desatar otra crisis interna.
La comparación que más circula entre analistas es con el fallido acuerdo del 17 de mayo de 1983, cuando también se intentó fijar una retirada israelí supeditada a condiciones de seguridad y a una arquitectura política que nunca terminó de sostenerse. El riesgo de repetir ese patrón está a la vista: una hoja de ruta escrita en Washington, una implementación dependiente de buena voluntad política y un sur de Líbano que sigue siendo, en términos prácticos, una línea de fricción entre Israel, Hezbollah y un Estado libanés debilitado. Lo que ocurra en los próximos días no solo dirá si el pacto arranca; también mostrará hasta dónde llega realmente la capacidad de Estados Unidos para convertir una tregua negociada en un arreglo duradero.



