Éder Castañeda se suma a labores de ayuda en Cali y denuncia falta de maquinaria en Capri

Imagen: infobae colombia
Tras el fuerte temblor que sacudió a Cali, el exjugador Éder Castañeda se puso al frente de las labores voluntarias en Capri para remover escombros. Su llamado evidencia la falta de maquinaria y apoyo logístico en una emergencia que sigue golpeando a los barrios más afectados.
El exjugador del América de Cali Éder Castañeda apareció entre los voluntarios que trabajan en Capri, uno de los sectores más golpeados por el terremoto que estremeció a la capital vallecaucana, y lanzó una advertencia incómoda: la ayuda material no ha sido suficiente para sostener la respuesta en terreno. Según informó infobae colombia, en el lugar solo ha llegado una volqueta para apoyar la remoción de restos, una limitación que complica tanto la limpieza como la continuidad de las labores durante la noche.
Castañeda pidió más respaldo logístico para seguir sacando escombros y mantener activas las tareas que hoy dependen, en buena medida, de la voluntad ciudadana. Su mensaje fue directo: la emergencia no se resuelve solo con presencia simbólica, sino con maquinaria, transporte, herramientas y coordinación real. En un escenario como este, cada hora cuenta, porque remover restos no solo despeja vías y viviendas, sino que también reduce riesgos estructurales, facilita el paso de ambulancias y permite evaluar daños con mayor precisión.
Lo ocurrido en Capri deja en evidencia un problema recurrente en Colombia: la distancia entre la solidaridad espontánea de la gente y la capacidad institucional para responder con rapidez. En las primeras horas después de un sismo fuerte, los barrios suelen depender de vecinos, líderes comunitarios y voluntarios antes de que llegue una operación robusta de apoyo. Esa brecha se vuelve más visible cuando una sola volqueta debe cubrir una demanda que claramente supera la capacidad instalada en el sector. Por eso el llamado de Castañeda no es solo el de un exfutbolista con influencia local; es también el síntoma de una emergencia que exige una logística más seria si se quiere evitar que el desastre inicial se convierta en un problema prolongado para cientos de familias.
Más allá de la imagen de un ídolo deportivo arrimando el hombro, lo que está en juego es la velocidad con la que Cali puede volver a ponerse en pie. Un terremoto de 7,4 no termina cuando cesa el movimiento: sus efectos se miden en calles bloqueadas, viviendas agrietadas, servicios interrumpidos y comunidades que necesitan respuesta inmediata. Si la ayuda no aumenta, la recuperación será más lenta y desigual, y los barrios más vulnerables seguirán pagando la factura más alta.
