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La ONU corrige el mapa del mundo y Washington queda aislado en la votación

Hace 3 horas

La ONU aprobó una reforma cartográfica que deja atrás la proyección de Mercator, cuestionada por distorsionar el tamaño real de países y continentes. Estados Unidos fue la única delegación que votó en contra y calificó la decisión como una burla.

La Organización de las Naciones Unidas dio un paso simbólico pero cargado de implicaciones políticas y culturales: aprobó una reforma en la cartografía oficial para dejar atrás la proyección de Mercator, el sistema que durante siglos amplificó artificialmente el tamaño de algunas regiones y deformó la percepción global del planeta. La decisión fue celebrada en amplios sectores de África, que históricamente han denunciado cómo esos mapas reducen visualmente la dimensión del continente, mientras que Estados Unidos fue el único país que votó en contra y elevó el tono al calificar la medida como una “burla”, según informó Clarin Colombia.

El centro de la controversia no es menor. La proyección de Mercator fue diseñada en el siglo XVI para facilitar la navegación marítima, no para representar con precisión el tamaño real de los territorios. Con el tiempo se convirtió en el mapa dominante en escuelas, oficinas públicas y materiales oficiales, pese a que agranda zonas cercanas a los polos y achica la franja ecuatorial, donde están buena parte de África y América Latina. La nueva orientación de la ONU busca corregir esa distorsión y avanzar hacia una representación más fiel del mundo, algo que para muchos expertos no es solo un ajuste técnico, sino una rectificación histórica sobre cómo se ha enseñado y percibido el planeta.

Por eso la votación tiene una lectura que va más allá de la geografía. En África, el cambio se interpreta como una reivindicación simbólica frente a siglos de representación desigual, mientras en Washington la oposición refleja otra cosa: la incomodidad de ceder terreno en una disputa que combina ciencia, poder y narrativa global. En términos prácticos, el nuevo mapa no cambia fronteras ni tratados, pero sí influye en la forma en que millones de personas entienden la escala del mundo y el lugar que ocupan sus países dentro de él. Y en tiempos de polarización internacional, hasta un mapa puede convertirse en un campo de batalla diplomático.

Lo que esta decisión deja al descubierto es una discusión más profunda sobre quién define la mirada oficial del mundo. Si durante generaciones la cartografía ayudó a instalar jerarquías visuales, ahora la ONU intenta corregirlas con una apuesta que, aunque parezca técnica, toca fibras de identidad, representación y poder. No es casual que el debate haya despertado entusiasmo en África y rechazo en Estados Unidos: detrás de una superficie plana hay una disputa por la manera en que el mundo se enseña, se interpreta y, en última instancia, se ordena.

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