De la Espriella arranca la pugna por el Congreso y busca blindar mayorías desde el inicio
Imagen: El Tiempo - Política
El gobierno entrante de Abelardo de la Espriella ya activó su primera ofensiva política: asegurar mayorías en el Congreso y quedarse con las presidencias del Senado y la Cámara. Rodrigo Lara, futuro ministro del Interior, encabeza los acercamientos con varios partidos en un ambiente que, por ahora, es favorable.
El gobierno entrante de Abelardo de la Espriella abrió desde ya la primera batalla de su administración: amarrar gobernabilidad en el Congreso antes de que empiece el pulso legislativo. La prioridad inmediata es clara: construir mayorías y asegurar las presidencias del Senado y de la Cámara, dos cargos que suelen definir el ritmo político del país y que pueden convertirse en la plataforma para impulsar o frenar la agenda del Ejecutivo.
Según informó El Tiempo - Política, el encargado de mover las piezas es Rodrigo Lara, quien será el ministro del Interior y ya adelanta reuniones con diferentes partidos. El dato político de fondo es que el ambiente, por ahora, parece favorable. Eso no significa que el camino esté despejado, pero sí que el nuevo gobierno arrancó con una ventaja importante: la disposición de varias colectividades a sentarse a negociar antes de que se abra formalmente la nueva legislatura. En la política colombiana, ese tipo de conversaciones tempranas suele marcar la diferencia entre un gobierno que manda con respaldo y otro que queda obligado a improvisar mayorías voto a voto.
La pelea por las presidencias del Senado y la Cámara no es un trámite menor ni un simple reparto burocrático. En Colombia, esos puestos pesan porque ordenan la agenda, influyen en el trámite de las reformas y, en la práctica, ayudan a definir qué tan cómodo o incómodo será el gobierno en el Congreso. Por eso, el movimiento de De la Espriella muestra que entiende una verdad básica del poder: antes de hablar de reformas, hay que garantizar los votos para que esas reformas sobrevivan. Y eso implica negociar con partidos, abrir espacio a cuotas y medir muy bien hasta dónde ceder sin perder control político.
Lo que está en juego, en el fondo, es si el nuevo gobierno consigue evitar el desgaste temprano que han sufrido otras administraciones cuando llegan al poder sin una coalición sólida. Si Lara logra tejer un bloque estable, De la Espriella arrancará con oxígeno para su agenda y con más margen para enfrentar los debates que vienen. Si fracasa, la discusión sobre el Congreso no será solo una disputa por cargos, sino el primer síntoma de un gobierno obligado a gobernar desde la fragilidad. En un país donde el Legislativo puede ser aliado decisivo o adversario permanente, las primeras reuniones importan tanto como los primeros decretos.




