De La Espriella ordena coordinar al Gobierno frente al golpe del fenómeno de El Niño
Imagen: El Tiempo - Política
El Gobierno de Daniel De la Espriella expidió una directriz para coordinar a ministerios y a la UNGRD frente al fenómeno de El Niño. La orden busca evitar respuestas aisladas y preparar al Estado para impactos sobre agua, energía y seguridad alimentaria.
El Gobierno de Daniel De la Espriella movió ficha ante el fenómeno de El Niño con una directriz presidencial que obliga a ministerios y a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) a trabajar de manera coordinada frente a la contingencia. La decisión apunta a ordenar la respuesta institucional antes de que la crisis climática se traduzca en más presión sobre el suministro de agua, la generación eléctrica y la producción de alimentos, tres frentes que suelen pagar el costo más alto cuando el país entra en temporada de sequía.
Según informó El Tiempo - Política, la directiva busca articular a los distintos sectores del Estado para que la atención no dependa de esfuerzos dispersos ni de reacciones tardías. En la práctica, eso significa que carteras como Ambiente, Agricultura, Minas y Energía, Salud e Interior deberán alinear sus planes con la UNGRD, de modo que la prevención, la atención de emergencias y la comunicación con las regiones no se manejen como islas burocráticas. La apuesta del Ejecutivo es anticiparse a los impactos más sensibles en los territorios, especialmente en zonas donde el acceso al agua ya es precario y donde cualquier variación climática golpea con más fuerza a comunidades rurales y urbanas vulnerables.
La decisión no es menor. Colombia carga con una vieja debilidad institucional: cada fenómeno de El Niño termina revelando las fracturas entre el nivel central y las regiones, así como la lentitud para convertir alertas técnicas en acciones concretas. Por eso esta directriz se lee también como una prueba de capacidad de gobierno. No basta con emitir órdenes; el reto real está en convertirlas en racionamiento preventivo bien comunicado, protección de fuentes hídricas, preparación hospitalaria, planes para el agro y medidas de ahorro energético que no recaigan únicamente sobre los ciudadanos. Si la coordinación funciona, el impacto puede amortiguarse; si falla, el país volverá a correr detrás de la emergencia.
Más allá del lenguaje administrativo, el anuncio confirma que el fenómeno de El Niño dejó de ser un asunto técnico para convertirse en una prueba política y social. En un país donde el clima puede alterar desde la tarifa de la luz hasta el precio de los alimentos, la coordinación estatal ya no es un detalle de despacho: es una condición mínima para evitar que una temporada seca se transforme en una crisis de mayor alcance. El verdadero examen para el Gobierno empezará ahora, cuando las órdenes deban bajar del papel al territorio.


