Colombia

Polémica por publicidad con parodia del terremoto sacude a influenciadora y marca

Hace 18 horas

La influenciadora Mariana Neumann quedó en el centro de críticas por promocionar una pijama con una parodia del terremoto. Tras la polémica, dijo que no dimensionó lo que estaba ocurriendo, mientras la empresa aseguró que no autorizó la publicación.

La influenciadora Mariana Neumann terminó en el ojo del huracán luego de publicar un contenido promocional de una pijama que usaba una parodia del terremoto, una decisión que desató rechazo inmediato en redes sociales por lo que muchos interpretaron como un intento de convertir una tragedia en publicidad. Según informó infobae colombia, la creadora de contenido salió a responder por la controversia y admitió que no dimensionó el alcance ni la sensibilidad del momento en que difundió el mensaje.

El caso escaló no solo por el tono del contenido, sino porque la empresa detrás del producto también tomó distancia de la pieza publicada y aseguró que nunca autorizó esa divulgación. Ese detalle es clave: ya no se trata únicamente de un error de criterio de la influenciadora, sino de una disputa sobre responsabilidad en la cadena comercial de los contenidos patrocinados, un terreno cada vez más gris en las redes sociales, donde la frontera entre recomendación, campaña y oportunismo suele borrarse con facilidad.

Más allá de la polémica puntual, este episodio vuelve a poner sobre la mesa un problema que la industria digital todavía no resuelve del todo: la banalización de hechos dolorosos para ganar alcance, clics o ventas. En un ecosistema donde la atención se monetiza, el margen para equivocarse es mínimo, sobre todo cuando hay desastres, tragedias o crisis humanitarias de por medio. Y aunque las disculpas puedan contener el daño reputacional, rara vez alcanzan para borrar la percepción de que se cruzó una línea básica de sensibilidad.

Lo ocurrido con Neumann también deja una lección para marcas e influenciadores en Colombia y en toda la región: no basta con crear contenido que funcione, hay que medir el contexto en el que se publica. Para el público, que cada vez castiga con más rapidez estos excesos, la exigencia es clara: menos espectáculo con el dolor ajeno y más responsabilidad frente a lo que se pone en circulación.

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