La ultraderecha europea aterriza en España con Ceuta como bandera y Vox en el tablero

Imagen: El País
La extrema derecha europea ha desembarcado en España con una agenda que mezcla xenofobia, identidad y poder político. El foco está en Ceuta, donde grupos ultras buscan convertir la frontera en símbolo de una supuesta defensa de la “Europa blanca”.
La campaña ultraderechista que se presenta como defensa de la “continuidad étnica” europea ya hizo pie en España y eligió un escenario especialmente sensible: Ceuta. El movimiento, de marcado tono xenófobo, ha convocado actos en Madrid y Barcelona para empujar una iniciativa comunitaria que pide proteger a los llamados “pueblos nativos” frente a la inmigración, una idea que en la práctica normaliza el discurso de exclusión y coloca a la frontera sur española en el centro de una batalla política y simbólica. Según informó El País, la estrategia cuenta además con el respaldo de Santiago Abascal, líder de Vox, que ya firmó el texto promovido por este entorno ultra.
La operación no es menor porque intenta vestir de lenguaje legal y europeo un viejo repertorio de extrema derecha: miedo al extranjero, obsesión con la identidad y defensa de una Europa supuestamente amenazada por el mestizaje y la migración. Que la campaña se active en Madrid y Barcelona no es casual. Son dos ciudades con alta visibilidad mediática, capacidad de movilización y peso político suficiente para amplificar un mensaje que busca salir del nicho radical y entrar en el debate público. Ceuta, por su parte, funciona como el símbolo perfecto para estos grupos: una frontera donde confluyen migración, presión diplomática, seguridad y racismo, y que han convertido en campo de pruebas para su relato sobre el “asalto” a Europa.
Lo que está en juego va más allá de una sucesión de actos propagandísticos. Este tipo de campañas buscan empujar el centro de gravedad del debate político hacia posiciones antes marginales, obligando a partidos y gobiernos a reaccionar ante marcos discursivos cada vez más extremos. En España, donde la inmigración y la gestión de fronteras ya forman parte de la pugna electoral, la llegada de esta agenda refuerza la presión sobre la derecha tradicional y ofrece a la ultraderecha una narrativa exportada desde otros países europeos: la idea de que la soberanía pasa por proteger una identidad étnica definida en términos excluyentes. El riesgo no es solo electoral; también es cultural y democrático, porque cuando la política empieza a hablar de “pueblos nativos” y “continuidad étnica”, el siguiente paso suele ser dividir a la población entre ciudadanos de pleno derecho y sospechosos permanentes.

