Decreto de desastre, emergencia económica y créditos: así reaccionó De La Espriella tras el sismo
Imagen: El Tiempo - Política
El gobierno de Abelardo De La Espriella arrancó su mandato con una respuesta de choque tras el terremoto de 7,4 que golpeó al país. La declaratoria de desastre, la emergencia económica y la búsqueda de créditos internacionales marcan el rumbo de una administración obligada a reaccionar rápido.
El gobierno de Abelardo De La Espriella comenzó su mandato bajo la presión inmediata de una tragedia nacional: el terremoto de magnitud 7,4 que obligó al Ejecutivo a activar una batería de medidas extraordinarias para atender a los damnificados y evitar que la emergencia se convierta en una crisis social y fiscal de mayor alcance. La primera decisión política de peso fue la declaratoria de desastre, una herramienta que le permite al Estado movilizar recursos, coordinar ayudas y acelerar contrataciones y respuestas institucionales en medio del golpe humanitario.
A esa medida se sumó la declaratoria de emergencia económica, una señal clara de que el Gobierno no está tratando el sismo como un evento aislado, sino como un shock que puede desordenar las finanzas públicas, afectar la infraestructura y presionar el gasto social en las próximas semanas y meses. Según informó El Tiempo - Política, el Ejecutivo también empezó a gestionar créditos con el Banco Mundial, una apuesta que revela dos cosas: por un lado, que el Estado necesitará liquidez externa para sostener la reconstrucción; por el otro, que la magnitud de los daños supera la capacidad de respuesta inmediata del presupuesto ordinario. En paralelo, se anunciaron auxilios para los damnificados, con el objetivo de contener el desamparo de miles de familias que quedaron sin vivienda, servicios básicos o ingresos.
Lo relevante aquí no es solo la rapidez de las medidas, sino el tipo de Estado que se activa frente a una catástrofe: uno que concentra facultades, flexibiliza reglas y sale a buscar financiamiento internacional para responder a una emergencia que combina desastre natural, presión fiscal y urgencia social. Este es un punto clave porque las decisiones de los primeros días suelen definir el éxito o el fracaso de la recuperación. Si el Gobierno coordina bien la ayuda, prioriza la reconstrucción de infraestructura crítica y garantiza transparencia en el uso de recursos, puede evitar que la tragedia se prolongue durante años. Si, por el contrario, la respuesta se queda en anuncios o se enreda en la burocracia, los más golpeados serán los hogares pobres, que son siempre los últimos en recuperarse y los primeros en caer en la informalidad, el endeudamiento o el desplazamiento.
También hay un mensaje político de fondo: De La Espriella llega al poder con un mandato todavía fresco y ya enfrenta la prueba más dura de cualquier administración, que no es solo gobernar, sino hacerlo en medio de una emergencia de gran escala. En Colombia, donde los desastres naturales suelen exhibir las debilidades históricas del Estado en prevención, atención y reconstrucción, este primer pulso del Ejecutivo será leído como una señal de capacidad o improvisación. De la ejecución de estas medidas dependerá no solo la recuperación de las zonas afectadas, sino la credibilidad del nuevo gobierno frente a un país que, otra vez, necesita respuestas antes que discursos.


