Murió Camilo Escalona: se apaga una figura clave del socialismo chileno

Imagen: clarin colombia
Camilo Escalona, una de las figuras más persistentes de la izquierda chilena y expresidente del Partido Socialista, murió a los 71 años. Su trayectoria quedó marcada por el exilio, la transición democrática y décadas de influencia interna en el PS.
La muerte de Camilo Escalona, a los 71 años, cierra el ciclo de uno de los dirigentes más influyentes y a la vez menos vistosos de la política chilena contemporánea. Expresidente del Partido Socialista, Escalona fue un actor clave en la reorganización de la izquierda tras la dictadura y en los años de la transición, aunque nunca ocupó un ministerio ni compitió por la presidencia. Su figura, más asociada a la conducción partidaria y a las negociaciones de fondo que a los focos electorales, deja una huella difícil de reemplazar en un socialismo chileno que ha debido reinventarse una y otra vez.
Según informó clarin colombia, el presidente José Kast lo despidió públicamente en redes sociales, un gesto que refleja algo poco habitual en la política regional: el reconocimiento al adversario desde el poder, incluso en un país donde las divisiones ideológicas siguen pesando fuerte. Escalona vivió el exilio después del golpe militar, una experiencia que marcó a toda una generación de dirigentes de izquierda en Chile y que ayudó a moldear su visión del país. De regreso, trabajó durante décadas en la reconstrucción institucional del socialismo chileno, en un partido que pasó de la clandestinidad y la resistencia a convertirse en pieza central de la democracia recuperada.
Su trayectoria importa porque Escalona representó una forma de hacer política que hoy parece cada vez más rara: disciplina partidaria, lectura estratégica del momento histórico y capacidad para moverse dentro de los límites del sistema sin abandonar la identidad ideológica. No fue un líder de campaña ni un rostro de televisión, pero sí un operador con peso real en la arquitectura del poder progresista chileno. En un país donde la izquierda ha tenido que convivir con tensiones entre renovación y memoria, su muerte obliga a revisar el papel de esa generación que salió del exilio, se sentó a negociar y ayudó a construir la democracia post-Pinochet. Para la política chilena, perder a Escalona no es solo despedir a un dirigente: es cerrar una etapa.
Más allá del gesto de Kast y de las condolencias que seguramente seguirán llegando desde todo el arco político, la noticia también deja una pregunta de fondo: quiénes ocuparán ahora ese espacio de conducción silenciosa, de cuadros con experiencia y de memoria histórica dentro de los partidos. En tiempos de liderazgos más personalistas y de mayor volatilidad electoral, la figura de Escalona recuerda que la política no solo se define en las urnas, sino también en las estructuras internas que sostienen o desordenan a los proyectos de largo plazo.


