Valerie Lafaurie llega al Gobierno con la misión de convertir promesas regionales en hechos
Imagen: El Tiempo - Política
Valerie Lafaurie asumió como nueva consejera para las regiones con un discurso centrado en la acción y el servicio social. Su llegada pone sobre la mesa el reto de traducir promesas de coordinación territorial en resultados concretos para las periferias del país.
Valerie Lafaurie, abogada barranquillera y apasionada por el servicio social, asumió como nueva consejera para las regiones con un mensaje que apunta a mover la aguja desde el Estado: no esperar que otros resuelvan lo que el Gobierno debe encarar. Su nombramiento llega en un momento en el que el país sigue debatiendo cómo cerrar la brecha histórica entre el centro y los territorios, una tarea que en Colombia suele anunciarse con fuerza y ejecutarse con dificultad.
De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo - Política, Lafaurie llega a un cargo que, por definición, exige capacidad de articulación entre ministerios, gobernaciones, alcaldías y comunidades. No se trata solo de una silla técnica o ceremonial: la consejería para las regiones suele convertirse en un termómetro de la voluntad política del Ejecutivo para llevar decisiones, recursos y presencia institucional a zonas donde el Estado aparece tarde o aparece mal. Su perfil, marcado por la abogacía y el trabajo social, sugiere una apuesta por una interlocución cercana con los territorios, aunque el verdadero examen vendrá en la implementación.
El nombramiento importa porque las regiones llevan años reclamando algo más que visitas oficiales y anuncios. En departamentos apartados, en ciudades intermedias y en periferias urbanas, la ciudadanía mide al Gobierno por obras, seguridad, acceso a servicios y ejecución de presupuestos, no por discursos. En ese contexto, la nueva consejera tendrá que demostrar que su papel no se limita a escuchar, sino a destrabar trámites, coordinar instituciones y convertir prioridades locales en decisiones del alto gobierno. Si esa función falla, el costo lo pagan los habitantes que siguen esperando carreteras, atención en salud, conectividad y oportunidades económicas.
Lafaurie entra así a una cartera política de alta sensibilidad, donde el desafío no es menor: demostrar que la relación con las regiones puede dejar de ser retórica y convertirse en una política de Estado. En un país tan desigual territorialmente como Colombia, cada nombramiento de este tipo abre una pregunta inevitable: si el Gobierno realmente quiere transformar la relación con las regiones, esta vez deberá mostrar resultados medibles y no solo voluntad declarada.


